Eutanasia, el crimen encubierto
Gonzalo Ibáñez Santa María | jueves 21 de marzo de 2024
La vida en comunidad humana se fundamenta, antes que nada y, sobre todo, en el respeto a la vida tanto ajena como propia.
La vida en comunidad humana se fundamenta, antes que nada y, sobre todo, en el respeto a la vida tanto ajena como propia.
O recuperamos el sentido superior del ejercicio de la sexualidad o nuestro país dejará de estar habitado por chilenos.
Para quienes nacimos cuando estaba grabado en piedra que primero se le debía a Dios, a familia y el país, la maternidad situaba a la mujer en el plano de la mayor realización humana.
Muchas explicaciones se han dado, pero se ha eludido la principal: la política antinatalista en el sexenio 1964-1970.
Entre todos los problemas, no hemos visto el problema de los problemas: la natalidad.
De los 17 puntos de la Agenda, hay tres que para las personas con una conciencia cristiana, plantean graves problemas.
Es una toma de conciencia, una verdadera epifanía, como un “trampantojo”, un engaño, que afortunadamente el pueblo chileno, según las encuestas más acreditadas, se apresta a rechazar en dos semanas más.
La propuesta constitucional es como un automóvil nuevo y de mala calidad. Lo echaremos a andar y se quedará en pana.
Tal vez para un católico se justifique su votación, pero no porque sea liberal, sino a pesar de serlo.
La propuesta ofrece una “teoría de la sociedad” consistente con la norma actual, que profundiza la defensa de la dignidad humana, de la familia y las obligaciones del Estado.