Desconcierto ante declaraciones de Monseñor Goic
Juan Antonio Montes Varas | Viernes 29 de Enero de 2010
Existe incompatibilidad entre lo expresado por el prelado y lo que ha enseñado reiteradamente la Santa Sede respecto de las uniones de hecho.
Existe incompatibilidad entre lo expresado por el prelado y lo que ha enseñado reiteradamente la Santa Sede respecto de las uniones de hecho.
Es fácil, ante la desgracia masiva, adoptar la actitud del dedo acusador hacia el Autor de la naturaleza y focalizar únicamente la energía en la atención a los necesitados.
El laicismo radical comete un error argumentativo al sentar como demostrada la incompatibilidad de los crucifijos con la aconfesionalidad del Estado.
El Papa quiere el redescubrimiento de este momento único para experimentar el amor de Dios que perdona.
Si el científico no cree en el amor, forzosamente creerá en algo, y casi inconscientemente pasará de la ciencia a la creencia más o menos lúcida o disparatada.
Si miramos con atención veremos la historia que él con su fidelidad ha tejido, el pueblo que ha reunido en nombre de Dios, la cosecha que de su sacrificio ha brotado.
La probidad administrativa, exigencia ética y jurídica, es indivisible y no permite argumentar que se está en vacaciones o en horario de colación.
Lo propio de los pastores de la Iglesia es proponer la reconciliación verdadera, sin la cual no existe la paz, como se comprobó en Europa después de 1945.
Lo exótico, lo diferente o novedoso, se cuela por las rendijas que se van quedando abiertas en nuestra sociedad, cada vez más descreída pero más crédula.
Un Vicario de Cristo no teme aparecer en público al lado de nadie, ni se enfada por compartir balcón con quien le abrió la puerta del diálogo para la paz.