Cuando la nación no interesa
Juan Pablo Zúñiga | viernes 25 de septiembre de 2020
La ultraizquierda chilena cuenta con la violencia no como último recurso, sino como condición para hacerse del poder.
La ultraizquierda chilena cuenta con la violencia no como último recurso, sino como condición para hacerse del poder.
La política de la ingenuidad se ha convertido en razón de estado y por eso, nuestra democracia acelera su tranco hacia el ocaso.
Que los chilenos no sean engañados por el espejismo que representa Jadue y denuncien la ideología criminal que lo sustenta.
Los partidos de derechas fueran dejando de lado el conservadurismo social para centrarse en la liberalización económica.
Más temprano que tarde los políticos deberán abrir los ojos y admitir que este plebiscito no debe hacerse, ni el 25 ni nunca.
La pandemia está trayendo esa pobreza invisible al primer plano y eso da la oportunidad de convertirla en prioridad política.
El que no haya habido revolución en 1810, le imprimió al país una sensatez que, por cierto, se echa de menos en nuestros días.
El nuevo enemigo de la democracia ya no es el comunismo ni el fascismo, sino este nuevo capitalismo del control.
Lo que odia la izquierda no es su régimen autoritario, sino las ideas o ejes en los que se sostuvo: el patriotismo, la familia, la fe.
Una peligrosa combinación de temor y entreguismo es la que ha provocado el desgobierno en que vivimos, y no exenta la mezcla esa, de corrupción en las distintas instituciones del país.