Efectos imprevistos
Max Silva Abbott | Viernes 23 de Julio de 2010
Hay una gran sombra de duda acerca de los alcances que pretenden darse a una unión civil de personas del mismo sexo, y con mayor razón al llamado “matrimonio homosexual”.
Hay una gran sombra de duda acerca de los alcances que pretenden darse a una unión civil de personas del mismo sexo, y con mayor razón al llamado “matrimonio homosexual”.
Si reconocemos que son los padres los que deben educar a sus hijos en su dimensión sexual, entonces lo conveniente sería moverlos y ayudarlos a que puedan ellos mismos realizar esta tarea.
Es una mala estrategia soltar la toalla frente a los hijos. Buena parte de los problemas de rendimiento escolar tienen su explicación en que los niños no tienen responsabilidades y límites claros.
Un parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales. No hacerlo es un acto gravemente inmoral.
La incertidumbre de dar a los hijos una educación y formación académica de calidad junto al debilitamiento del matrimonio hacen que en Chile se tengan pocos hijos.
En China sigue sin disfrutarse de la libertad y las autoridades políticas lo saben, aun cuando quieran aparentar otra cosa por marketing.
La dimensión moral de la educación es tarea primariamente de padres. Sin embargo, en la sala de clases, un buen profesor puede y debe cooperar, ayudando en la adquisición de hábitos.
Los niños usan la red y se exponen a contenidos negativos mucho más de lo que sus padres imaginan. Los padres tienen una percepción equivocada sobre su real control de uso de la red.
Toda sociedad necesita del recambio generacional mediante la venida al mundo, crianza y educación de nuevos seres humanos, los niños, en un marco serio y estable adecuado: el matrimonio (heterosexual). Mas sólo la unión entre hombre y mujer logra esto. Por eso, como la relación entre personas del mismo sexo por naturaleza es ciega a la procreación, no puede ser una “familia”.
No es el hecho objetivo de la legalidad de la norma el que determina su legitimidad, sino la concordancia y funcionalidad de esa norma con respecto al fin que la inspira: hacer justicia.