El pajarico de Maduro
Mauricio Riesco Valdés | sábado 26 de octubre de 2019
Chile lleva sobre sus hombros el peso de una globalización esclavizante, esa argamasa a la que rendimos pleitesía mientras nos carcome el alma.
Chile lleva sobre sus hombros el peso de una globalización esclavizante, esa argamasa a la que rendimos pleitesía mientras nos carcome el alma.
Estos han sido –están siendo- los actores del drama. Algunos papeles se modificarán. Otros están escritos en piedra.
Este intento subversivo de desestabilización está alimentado, es cierto, por el malestar de cierta clase media ensoberbecida y sobreendeudada: la clientela electoral del FA.
Piñera debe defender la democracia y convencer a la mayoría de los chilenos de que el gobierno es capaz de cumplir su rol de “permitir a las personas vivir juntas”.
Una vez restituido el orden público, será necesaria una profunda reconstrucción de nuestra Patria, no sólo económica y de infraestructura pública y privada, sino que principalmente espiritual.
Espero que las jornadas de violencia que estamos viviendo, sea un golpe de empatía en los políticos por las personas que viven en territorios de conflicto constante en el sur de Chile.
Quienes se arrogan pretensiones de representar “la voz de la gente” y “del descontento” al margen de la fuerza electoral que tuvieron, no respetan la democracia ni la igual dignidad de todos.
El progresismo abdica de las responsabilidades propias del adulto, y prefiere contemplar cómo el mundo, nuestro mundo, se derrumba frente a ella.
En Chile habrá un antes y un después al observar la desolación y el daño en las calles y barrios de nuestras ciudades.
¿Dónde está la autoridad para imponer con determinación, coraje y a tiempo el imperio de la ley para poner fin a esta ola de violencia?