Pablo VI desde Benedicto XVI
Ramiro Pellitero | miércoles 20 de agosto de 2008
Quería renovar el mundo, atormentado por inquietudes y violencias, mediante «la civilización del amor».
Quería renovar el mundo, atormentado por inquietudes y violencias, mediante «la civilización del amor».
Para mí la fe es el fundamento y el soporte de la vida. Ya no le temo a la muerte, porque ella es algo natural, pero de ninguna forma final, en la existencia de cada uno.
Cuarenta años después, está plenamente vigente el camino hacia la felicidad propia y de los demás que señalara Pablo VI en Humanae Vitae. Sus numerosos críticos resultaron estar profundamente equivocados.
La filosofía moral es inseparable y dependiente de la filosofía general.
Impotente ante la crisis económica, el presidente Rodríguez Zapatero se ha lanzado contra los cristianos.
Los padres deben defender “con todos los medios legítimos” ser quienes determinan la educación de sus hijos.
El doctor Bernard Nathanson dedicó sus conocimientos científicos a matar la vida. Pero al constatar el sufrimiento del feto al ser abortado, cambio su vida, se hizo católico y fue bautizado.
Una vez que se ha traspasado el confín moral que evita tratar a cada ser humano como mero objeto de investigación “no hay punto de parada”.