La rosa de Paracelso
Javiera Corvalán A. | sábado 7 de diciembre de 2019
Esa porción de revolucionarios, se percibe a sí misma como la parte consciente e impulsora de un “proceso histórico ineludible”.
Esa porción de revolucionarios, se percibe a sí misma como la parte consciente e impulsora de un “proceso histórico ineludible”.
Vemos hoy una gran oportunidad para tratar de solucionar los problemas sociales a través de la denominada “Economía del Bien Común”
La clase política en masa cayó en la trampa de ser incapaz de precisar la frontera entre respeto a los derechos humanos y la legítima represión de la delincuencia, el narcotráfico, y la subversión.
Se necesita coraje para bajarse de la ola populista que recorre la izquierda y la derecha, y alzar la voz para poner el acento en la emergencia nacional que vivimos.
La historia enseña que la guerra tiene un costo y la paz demanda un precio, algo parecido ocurre con la anarquía y la democracia.
No es necesario que la democracia contribuya de manera directa a su autodestrucción: basta que colabore a través de la mediocridad de la política.
Hay algunas personas que tienen el imperativo moral de jugar sus bazas de patriotas en esta hora absolutamente dramática y decisiva de la historia nacional.
Pretender que nuevas y mejores normas –por cierto necesarias y urgentes en muchos casos- lograrán automáticamente el cambio conductual es una ilusión determinista.
La actividad económica al menos disminuirá, pues nadie se arriesgará a invertir sin reglas claras y mucho menos, sin reglas.
Aunque en definitiva la oposición no le preste el apoyo exigido por la situación, debe poner en primer lugar sus deberes para con todos los chilenos.