Regular para convivir o, ¿regular para con-morir?
Maite Cereceda M. | sábado 13 de noviembre de 2021
Es curioso que la búsqueda de una mejor convivencia se limite a la eliminación arbitraria de los miembros de la sociedad.
Es curioso que la búsqueda de una mejor convivencia se limite a la eliminación arbitraria de los miembros de la sociedad.
Las elecciones que se nos vienen encima nos enfrentan a una disyuntiva: un modelo de libertades personales y valores cívicos, y otro con supremacía del Estado por sobre las personas.
Esta modificación constitucional alude a los llamados “neuroderechos”, que pretenden que los avances de la tecnología no vulneren nuestros derechos humanos.
Seguimos retrocediendo a una etapa de adolescencia, con rasgos preeminentes de aceptación tácita de la violencia.
Toda esta acusación ha sido una maniobra electoral de la peor especie. Las causales daban lo mismo.
La izquierda, luego de 30 años de disimulo y contención táctica, ha vuelto a mostrar su verdadero rostro.
Algunos nos quieren hacer creer que la dicotomía es binaria y que la lucha identitaria y los objetivos económicos son las únicas libertades en pugna.
¿Qué tipo de tripulación debemos elegir para llegar a puerto seguro cuando se ha roto el timón?
Es mucho lo que está en juego, por lo que no queda sino establecer un duro orden de prioridades.
La cuestión de la trascendencia, el tema de la inmortalidad, es no solo materia profundamente antropológica, sino decisivamente política.