Borrar con el codo
Max Silva Abbott | jueves 24 de marzo de 2016
Por muchos intereses que existan en juego, hay ciertas conductas, como matar a un inocente, que nunca pueden ser toleradas, pues con ello se contradice aquello que se dice defender.
Por muchos intereses que existan en juego, hay ciertas conductas, como matar a un inocente, que nunca pueden ser toleradas, pues con ello se contradice aquello que se dice defender.
Una sociedad que no protege la maternidad y la familia se pone en jaque a sí misma. La construcción de una cultura pro vida, es algo que también compete a las empresas.
Ha quedado claro que el proyecto de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo avanza hacia el establecimiento del aborto libre.
El socialismo de estado no se ha detenido jamás en la conculcación de los derechos individuales y sociales apelando a la igualdad, pero sin equidad.
El caso pone a la luz los daños que se pueden ocasionar a la persona humana con motivo de la investigación, cuando ella no es respetada en su dignidad.
La estrategia argumental de Carlos Peña para legitimar el aborto es persuasiva, pero no novedosa. Los liberales la emplean cada vez que desean que la ley no respalde valores morales que ellos no comparten. Transforman esa conducta en algo loable pero demasiado bueno como para exigírselo jurídicamente al simple ciudadano.
El embarazo es una manifestación palpable de que el ser humano no es un ente autónomo que puede determinar totalmente su existencia sino que nace, vive y se constituye dependiendo de otros.
Como era de esperar, el proyecto de ley de aborto ha dado un paso más en el Congreso, con lo cual dentro de poco, el útero materno podría ser el lugar más peligroso para vivir.
Peña argumenta sofísticamente, al estilo contractualista de Glaucón. Y asume el papel de una suerte de Herodes criollo que no sólo aboga por el asesinato de los inocentes, sino por el de los propios hijos.
La puerta no puede estar más que abierta o cerrada. La esperanza de mantenerla entreabierta para casos graves se ha comprobado, por experiencia, completamente ilusoria. Esa pequeña apertura, inspirada en casos dramáticos, con el tiempo se convierte en un tremendo forado…