¿Qué esperaban?
Bruno Moreno | sábado 4 de mayo de 2019
Crudo análisis de la sociedad española y de la Iglesia en general, a propósito de las elecciones llevadas a cabo en ese país el domingo 28 de abril. Para tenerlo presente en Chile.
Crudo análisis de la sociedad española y de la Iglesia en general, a propósito de las elecciones llevadas a cabo en ese país el domingo 28 de abril. Para tenerlo presente en Chile.
Habiendo salido de la Semana Santa con nuevas gracias, resulta muy fructífera una reflexión sobre la negación de Pedro, atendiendo a la situación actual de la Iglesia.
¿Qué catástrofe monumental vislumbrábamos mientras temíamos que se viniera abajo el templo católico más simbólico de Europa?
La belleza de la palabra poética es un signo de esperanza que nos reconcilia con el mejor humanismo y que proyecta luz en el laberinto a fin de que no se convierta en un desierto, sino en jardín y morada.
Luego de apagarse las llamas, la Cruz seguía alzándose en la nave de la catedral, como un símbolo de que, clavado en ella, Cristo venció a la Muerte.
Ver consumirse por el fuego uno de los símbolos más emblemáticos de la Cristiandad nos suscita la reflexión de que si Occidente ha renegado de Dios, para qué preservar sus templos.
Cuando queda desprovista de verdad, la política deviene en una lucha descarnada por el poder y se aleja del servicio al bien común y el buen gobierno.
La verdadera reconstrucción la estaban haciendo, al otro lado del Sena, los cientos de jóvenes que rezaban de rodillas cantando una tras otra las avemarías de un Rosario.
En la búsqueda desesperada de la “calidad de vida”, el neopagano acepta todo tipo de mortificaciones que dejan chiquitas las penitencias cuaresmales del creyente.
Es indudable que tendrá que pasar mucho, mucho tiempo, para que puedan cicatrizar las heridas de las víctimas y termine de repararse el daño causado a los católicos en general.