Cunde la impunidad
Axel Buchheister | sábado 30 de septiembre de 2017
En un país civilizado esas demandas no tendrían oportunidad, pues los imputados no dictan las reglas, sino que se aplican las leyes y la preocupación se centra en las víctimas.
En un país civilizado esas demandas no tendrían oportunidad, pues los imputados no dictan las reglas, sino que se aplican las leyes y la preocupación se centra en las víctimas.
El riesgo para todas las derechas, incluida la chilena, es que en la medida en que sustituyan las históricas banderas del sector por las del adversario, su identidad se disolverá hasta perderse.
El nacionalismo, que se constituye sobre la dicotomía nosotros/ellos, tiende con frecuencia a ser excluyente y, por eso, moralmente discutible...
Hace exactamente cien años el mundo estaba a las puertas de sufrir una de las revoluciones más importantes y transformadoras de su historia: la Revolución Bolchevique.
Desde posiciones diplomáticas muy aventajadas, los “radicales chic” reflexionan sobre las miserias de los menos afortunados, paseándose por el Central Park.
Como con todas las discusiones-tongo generadas en nuestro país, no queda claro cuál sería el tremendo “secreto” que quieren levantar, guardado supuestamente por la Comisión Valech I.
El error aberrante y constitutivo de la democracia antropoteísta consiste en hacer creer al hombre (para divinizarlo) que basta con que una mayoría las apruebe para que las leyes sean legítimas.
Hemos vivido dominados por un afán de "construir" un país modelo, lo que nos ha mantenido presos de las ideologías y repudiando a la tradición mestiza-barroca de nuestros orígenes en beneficio de las utopías civilizadoras-liberadoras-progresistas.
En las versiones más radicales de esta filosofía, las concreciones de la naturaleza humana –maternidad, fertilidad, sexualidad– son consideradas como una alienación.
El dilema es, efectivamente, entre un voto “útil”, funcional a los calculadores y un voto “fundamental”, al servicio de un gran proyecto de bien para Chile.