Honor
Pedro L. Llera | sábado 8 de agosto de 2020
Una persona debe ser íntegra, auténtica, coherente. Y debe fundar toda su vida sobre los cimientos de la verdad y el bien.
Una persona debe ser íntegra, auténtica, coherente. Y debe fundar toda su vida sobre los cimientos de la verdad y el bien.
Todo el planteamiento programático de la Unidad Popular se enmarcó en una visión extremadamente pesimista del país. Afirmaba que era evidente la existencia de dos grupos irreconciliables.
Un gobierno que no se asienta en la ley y el orden no es un gobierno de centroderecha y no puede construir un relato.
El que avala una forma fraudulenta para aprobar un proyecto de ley, sólo manifiesta su displicencia sobre las reglas institucionales.
La llamada crisis de las instituciones debiese hoy ser denominada, sin eufemismo, como crisis de nuestra democracia.
El gobierno es el principal responsable, al renunciar desde octubre a su función primerísima de mantener el orden público.
La clase política que se siente heredera del mensaje del estallido, incapaz de discernir entre lo posible y lo imposible.
La impredecible catástrofe de la pandemia tuvo que vérselas con el peor parlamento de más de dos siglos de república.
Los gobernantes modernos suelen considerar que tienen la misión de cambiar todo, aunque sea a costa de acabar con la familia.
La sexualidad multiforme, liberada de las instituciones que la encauzaban o hacían fecunda es la “pasión” de la moderna tiranía.