¿De quién son mis ojos?
María Martínez López | martes 2 de diciembre de 2008 | Sección: Familia, Vida
El supuesto “derecho al hijo”, los hijos de laboratorio y los huérfanos biológicos.
El supuesto “derecho al hijo”, los hijos de laboratorio y los huérfanos biológicos.
Si, contra toda evidencia científica, el embrión se considera “un montón de células”, se están minando las bases mismas de la civilización.
No es justo que quienes ofrecieron su vida por la Patria sigan siendo utilizados para alimentar la ambición de venganza de algunos.
Lo más probable es que ambas van a morir pronto. Pero si eso ocurre habrá una diferencia fundamental entre la muerte de una y otra: En el caso de Eluana, le habrán quitado la vida, pues ella tiene la fuerza para vivir si no se la priva de la comida y la bebida. En el caso de Hannah, ella y sus padres quisieron la vida, aun cuando saben que ella será corta.
Es claro que una cosa no va sin la otra, la protección de la vida naciente y la preocupación por la justicia social, pues la vida humana ha de ser protegida en toda su amplitud.
Sobrevivir intelectualmente en el siglo XXI se ha convertido en todo un desafío. Para afrontarlo, el autor, uno de los escritores españoles más leídos, ofrece un consejo: leer la obra del padre Castellani.
Es la persistente ideología maltusiana, una ideología discriminatoria, eugenista, segregacionista, cuyo centro podríamos expresarlo diciendo: “los ricos del hemisferio norte necesitamos controlar el crecimiento de la población de los países del sur”.
En tantos milenios de vida sobre la tierra, el hombre se ha hecho a casi todo… Pero a una cosa no se ha hecho nunca: a la injusticia. Sigue sintiéndola como intolerable.
Es una extraña paradoja el que en un mundo en el cual el avance de las comunicaciones es abrumador, la indiferencia sea uno de los mayores males que aqueja a la sociedad.
Hablar de “derecho al aborto”, o de “derecho a la muerte”, no sólo no tiene la menor justificación, sino que es un contrasentido y “un ataque a la razón”.