Hijos chinos
José Francisco Sánchez | viernes 6 de noviembre de 2015
La inhumana prohibición de tener más de un hijo por pareja ha sido sustituida en China por otra también inhumana: desde ahora podrán llegar a dos.
La inhumana prohibición de tener más de un hijo por pareja ha sido sustituida en China por otra también inhumana: desde ahora podrán llegar a dos.
Para comprender cabalmente el problema del aborto no sólo hay que ser sentimentalmente solidarios, sino que es preciso pensar, con argumentos, cuál es el estatus moral y jurídico de lo que las hembras humanas conciben y dan a luz.
La creciente impresión de que se puede intervenir en los procesos del origen y del término de la vida, asociando la dignidad a la calidad de vida parece responder a los parámetros de una sociedad hedonista.
La falta de rigurosidad para determinar si fue o no violación, sólo será el inicio de un proceso que llevará directamente al aborto libre y a la muerte de muchos niños cuyo único crimen es no ser deseados.
En el caso de la reproducción asistida, lo que empezó siendo un servicio para superar una patología, se está convirtiendo en un instrumento al servicio de los “derechos reproductivos”, por no decir de los caprichos reproductivos.
Una discusión sobre el aborto en que la intención sea comprender mejor los temas involucrados mediante el razonamiento riguroso, más que la descalificación del contrario por cualquier medio, ayudaría a superar algo el diálogo de sordos que hemos tenido hasta ahora.
El Gobierno no puede perder de vista que el reconocimiento de la titularidad de derechos del niño que está por nacer, es esencial para resguardar su dignidad y sus derechos humanos.
Célebre discurso de un político de Oklahoma que denuncia las atrocidades cometidas por la multinacional abortista Planned Parenthood al borde de las lágrimas.
Lejos de solucionar un inexistente problema de “salud pública”, una ley de aborto crea uno real y en mucho mayor escala para buena parte de la población, no solo para las mujeres.
Es más fácil tomar una pastilla, ir a un chequeo y seguir con el mismo estilo de vida que antes. Pero hay buenas razones contra la excesiva confianza en la tecnología.