El mito del Estado
Max Silva Abbott | viernes 30 de septiembre de 2016
Un elemento central, cuando no obsesivo de todas las reformas que ha impulsado el actual gobierno contra viento y marea, es el papel protagónico que en ellas se otorga al Estado.
Un elemento central, cuando no obsesivo de todas las reformas que ha impulsado el actual gobierno contra viento y marea, es el papel protagónico que en ellas se otorga al Estado.
Un país que solo crece económicamente, y no moral y culturalmente, corre el riesgo de convertirse en el paraíso de los Chang, los Jadue, los Garay. Un país no de “felices y forrados”, sino de tristes y estafados.
La mayor burla de Débora Solís en su carta se produce cuando señala “Nuestra asociación ama y defiende la vida”. Sin duda una ironía de mal gusto.
Las cifras de niños chilenos que nacen fuera del matrimonio (73%) son una buena oportunidad para comenzar a discutir si es posible y necesario apoyar a las familias en nuestro país.
Con el aborto no se trata de eliminar la pena para la mujer y los terceros que se lo practiquen, sino de convertirlo en una prestación de salud a la que toda mujer embarazada debería tener acceso. Esto no es despenalizar, es legalizar y, más aún, institucionalizar el aborto como un derecho.
Quienes proponen que el Estado no “subcontrate” un acto de acción de gracias por el inicio de nuestro proceso de emancipación, tienen que hacerse cargo de los siguientes argumentos… y después hablamos.
Los conservadores americanos no arrojan fácilmente la toalla, como se comprueba por la vitalidad del movimiento provida. Y, cuando se sienten traicionados en asuntos claves, tampoco lo olvidan a la hora de votar.
Mérito, virtud y patriotismo: En el debate cotidiano que recogen los medios de comunicación, estos conceptos no destacan. Esas palabras pertenecen de lleno al lenguaje de lo políticamente incorrecto.
La víctima encarnada es incapaz de conjugar los tiempos verbales en primera persona del singular; desconoce el profundo significado del YO y se escuda en un plural cobarde y protector.
El suicidio de la joven que se dejó filmar en actitudes obscenas que después se hicieron “virales”, nos permite una reflexión sobre las argucias que nuestra época tecnológica emplea para destruir el alma.