Magnifica Humanitas: el rostro humano que se pierde en el progreso
Lucas Miranda | martes 16 de junio de 2026
Una tecnología que nos aproxime a lo divino nos privaría de un reconocimiento que sólo podemos alcanzar desde nuestra frágil mortalidad.
Una tecnología que nos aproxime a lo divino nos privaría de un reconocimiento que sólo podemos alcanzar desde nuestra frágil mortalidad.
En un tiempo marcado por la automatización, la pregunta es cómo aseguramos que el progreso esté verdaderamente al servicio de las personas.
Los grandes anhelos sociales sólo serán colmados al consagrar la patria al Sagrado Corazón y vivir plenamente esa consagración.
En una sociedad marcada por la soledad y el individualismo, el Corazón de Cristo nos recuerda que Dios ama personalmente a cada persona.
Sobre esa tierra fértil —ese corazón de carne, ablandado por el fuego del Espíritu Santo en los hijos— está el presente y el futuro de la civilización del amor.
La encíclica reflexiona en torno a la necesidad de pensar la relación que debe establecer el hombre con la técnica.
Su tesis central es clara: el problema de nuestra época no es meramente tecnológico, sino antropológico y espiritual.
Para el Papa es posible una construcción compartida donde la tecnología esté al servicio de la dignidad, y el bien común otorgue orientación a la vida social.
Los “neocatólicos posencíclica”, ¿empezarán a ir a misa el domingo? ¿Donarán el 1%? ¿Se mandarán su padrenuestro y un par de avemarías de repente?
La sociedad hispanoindiana no sólo fue una sociedad integrada, sino que también una sociedad próspera y con instituciones funcionales.