El enigma del celibato
Ignacio Aréchaga | jueves 1 de julio de 2010
La abstinencia es una decisión demasiado enigmática para una sociedad que se dice dispuesta a comprenderlo todo en el campo de las variantes sexuales.
La abstinencia es una decisión demasiado enigmática para una sociedad que se dice dispuesta a comprenderlo todo en el campo de las variantes sexuales.
La lectura de ciertos pensadores del pasado puede arrojar luz sobre unos tiempos no tan novedosos como se pretende.
Hace años que el crecimiento de la Sagrada Familia, el único templo expiatorio que se construye en el mundo, provoca disgusto en sectores sectarios antirreligiosos.
En la catequesis y la predicación, en un momento como el nuestro de renovado compromiso en la evangelización, no debería faltar nunca el Catecismo de la Iglesia Católica.
La vara, que por amor debe refrenar a quienes abusan de los inocentes, también debe alzarse contra quienes dejan proliferar la herejía, la tergiversación de la doctrina y la destrucción de la fe.
Funcionario de la Asociación de Fútbol de Inglaterra hizo callar a Wayne Rooney, estrella del equipo inglés, cuando respondía a un periodista que le preguntaba sobre su religión.
Esta pregunta ha de hacerse a los promotores de los programas anti-vida y anti-familia de la ONU y las organizaciones propulsoras de la cultura de la muerte en cada país.
La fascinación del fútbol estriba esencialmente en que obliga al hombre ante todo a disciplinarse, de modo que, por el entrenamiento, adquiera la disposición sobre sí mismo, por tal disposición superioridad, y por la superioridad libertad. Pero después le enseña también la cooperación disciplinada: como juego de equipo, el fútbol lo obliga a un ordenamiento de lo propio dentro del conjunto.
El presidente de la FIFA ha sido tajante y se ha comprometido a rechazar cualquier manifestación religiosa de los jugadores en este Mundial… Esta discriminación, aparte de abusiva, es imposible.
Bajo cierto respecto, más grave que los públicos dichos erróneos de un sacerdote, es la falta de la palabra también pública, valiente y orientadora, de su obispo.