Lo que pasa en Zapallar
Dr. Otto Dörr | viernes 21 de enero de 2011
Atacar, profanar o destruir una iglesia constituye un acto de absoluta barbarie, de regresión a etapas muy pretéritas del desarrollo humano.
Atacar, profanar o destruir una iglesia constituye un acto de absoluta barbarie, de regresión a etapas muy pretéritas del desarrollo humano.
La Iglesia católica tiene ante sí una serie de preguntas sobre su presencia en el mundo de Internet. ¿Cómo entrar en los diferentes ámbitos de este nuevo espacio comunicativo?
En un discurso para la historia, Benedicto XVI denuncia el fanatismo integrista y el nihilismo occidental como enemigos de la paz y de la convivencia.
La Iglesia no ha definido dogmáticamente el lugar del purgatorio, pero la tradición común y los Padres suelen referirse a él como un lugar físico.
El título de una información por su brevedad no puede decirlo todo, pero según como se dé y si no se aclara muy bien en subtítulos o epígrafes la información es sesgada.
María es la primera que escucha la Palabra, la acoge con fe y la encarna en su cuerpo y en su entera existencia. La hace así vida divina en la tierra.
Para el año nuevo uno desea a los demás buenas cosas y los otros a uno. Pero si no fuera por la seriedad con la que se dicen, parecería un chiste, pues nadie, simplemente por desear, logra que el deseo se cumpla. Para evitar el riesgo de que mis deseos queden incumplidos, voy a dirigirlos directamente a quienes pienso que podrían tener el poder para hacerlos realidad.
Lo que más estremece de estos episodios sangrientos, cada vez más frecuentes, es la indiferencia occidental: la prensa apenas dedica atención a esta sangría constante.
Hay un amplio estrato de los eclesiásticos que considera que la reforma del Concilio Vaticano II arrasó con todo lo que estaba antes.
Es, desde luego, uno de los mayores crímenes que pueden cometerse contra los seres humanos. Pero el pecado más grave del hombre es la “infidelidad”, no creer en Dios, y aún es peor la “apostasía”.