La política del hijo único en China… y en Europa
Pablo Alzola | viernes 13 de noviembre de 2015
En Europa, sin ninguna imposición estatal, en no pocos países la natalidad está por debajo de la de China, situación que también debería preocupar.
En Europa, sin ninguna imposición estatal, en no pocos países la natalidad está por debajo de la de China, situación que también debería preocupar.
Dentro de cien o de mil años, algún historiador elegirá el caso del independentismo catalán como paradigma del envilecimiento al que llegaron los pueblos europeos en su fase terminal.
Solzhenitsyn fue la conciencia silenciada del siglo XX, y por eso su discurso molestaba en los dos lados. No se cansó de repetir que “la carencia de Dios es el primer paso hacia el gulag”.
¿Qué puede llevar a un hombre o mujer a abogar por la legalización del consumo de un producto que es a todas luces nocivo para su salud?
Dura semana; semana para repasar a fondo qué hacemos mal. Otros dirán semana para el olvido. No, justamente esa actitud es la que nos pierde: olvidar.
En el más completo oscurantismo permanece el hecho indiscutible de que el Estado está controlado por personas. Individuos de carne y hueso con tanta capacidad de abuso como la de cualquier otro.
Si con el bullado proceso constituyente se busca despertar el “apetito constitucional”, debemos interrogarnos cuál es el sentido real de todo esto.
La inhumana prohibición de tener más de un hijo por pareja ha sido sustituida en China por otra también inhumana: desde ahora podrán llegar a dos.
El gobierno no ha dicho nada; lo que nos obliga a todos a intuir e investigar cuál es el camino que quiere que el país siga para alcanzar el desarrollo. El libro de Carlos Ominami resulta particularmente ilustrativo.
Los ideólogos de género no descansan, el objetivo nuestros hijos. La clave del auge de la ideología de género se explica porque tiene a las instituciones políticas a su servicio.