Hasta el Piketty
Pablo Ortúzar | viernes 16 de marzo de 2018
Ni el Estado ni los derechos individuales son enemigos del capital. Son claves para estabilizar su reproducción (eso es lo que a Polanyi se le fue en “La gran transformación”).
Ni el Estado ni los derechos individuales son enemigos del capital. Son claves para estabilizar su reproducción (eso es lo que a Polanyi se le fue en “La gran transformación”).
De más está decir que no ha existido crisis internacional que justifique el magro crecimiento de la economía chilena y que los analistas atribuyen ese freno a la reforma tributaria del 2014.
Hoy podemos constatar que existe otra Michelle, que contradice esa imagen acogedora y cálida: la que poco le importa la institucionalidad democrática y la opinión pública.
El empeño constitucional del actual gobierno no debe ser entendido como un arranque de originalidad autóctono, sino como parte de un movimiento mucho mayor, de tipo continental.
¿En qué calidad ejercerán sus cargos los funcionarios? ¿Como robots, como replicantes, como alienígenas, como fantasmas? ¿Deberán renunciar por cuatro años a su personalidad natural?
No sabemos, porque desconocemos cual es la propuesta curricular sometida a consideración del CNED. Motivos para desconfiar hay de sobra, y en lo del legado atado y bien atado, para qué ahondar.
Sectores de izquierda tienen un objetivo ideológico en amparar esta inmigración y los costos no les importan. Así, buscan que la ley no se cumpla.
Lo que al Ejecutivo saliente le sobra en fiebre jurídica le falta en prudencia legal. Poco antes de salir, la Presidenta quiso enviar una indicación sobre paridad salarial dentro de su reforma constitucional.
No bajar los brazos implica tener presente que las ideas detrás de políticas y herramientas equivocadas que fueron impulsadas por el gobierno saliente siguen estando en el debate.
Le han acusado de machista, homófobo y reaccionario. Todo por no suscribir el relativismo o reivindicar las diferencias biológicas entre sexos.