Necesitamos de la elite
Francisco Ramírez | viernes 27 de julio de 2018
La crisis es real, pero ha sido alimentada por los mismos que se quejan de sus efectos. Con todas sus letras: hipocresía.
La crisis es real, pero ha sido alimentada por los mismos que se quejan de sus efectos. Con todas sus letras: hipocresía.
La democracia implica igualdad; ¿es necesario recordar que un estudiante no es el igual de su profesor? Esto, además de ser una incoherencia, es una grave imprudencia.
Las cartas son, en cierta forma, un testamento, un legado intelectual cuyo destinatario final es, generalmente, más universal que la persona a la que se dirige.
¿Significa entonces que, a partir de ahora una empresa con propósito, con ideario, corre con desventaja en una licitación pública, pues no será un buen sustituto del Estado?
¿Cómo tomamos lo de Lavín? ¿Se puede decir de él que sería un político con visión? Ni idea. Arquitectos y urbanistas apenas se han manifestado.
Como mejor se entiende la importancia de la vacante en el Tribunal Supremo estadounidense que deja el juez Anthony Kennedy, tras su retirada con 81 años, no es en términos políticos.
Durante años nos resignamos a escuchar la falacia de que a nadie se imponía, sólo se permitía, y muy restrictivamente, abortar. Siempre supimos que era mentira.
Ninguna de las pacientes atendidas por los ginecólogos de la Universidad Católica en esas comunas está en condiciones de escribir una columna protestando por el disparate que significa privarlas de ese beneficio.
Estos “nuevos derechos” se han ido convirtiendo en un arma para sojuzgar posturas contrarias y en el fondo, en un vil instrumento de dominación, contrariando así su verdadero sentido y razón de ser.
Se pretende pasar a llevar todo lo que se entiende por libertad de cátedra, universidad, bibliotecas y libros, y ¿nadie chilla?