Poder global y religión universal
José Luis Orella | viernes 26 de noviembre de 2010
Reseña de un libro revelador, imprescindible para conocer la realidad en la que nos movemos y podernos mover como cristianos inteligentes y astutos.
Reseña de un libro revelador, imprescindible para conocer la realidad en la que nos movemos y podernos mover como cristianos inteligentes y astutos.
Las personas vivimos para amar y ser amadas. Los humanos podríamos ser definidos como aquellos seres que no pueden prescindir del amor en ninguna etapa de la existencia.
En una España cada vez más influida por un laicismo agresivo e intolerante, la visita de Benedicto XVI no ha pasado inadvertida para nadie. El Sumo Pontífice ha sido claro: ha vuelto a defender la doctrina de siempre, en lo que se refiere al respeto de la vida como don sagrado desde su concepción hasta su muerte natural, y a la familia como fundamento vivo de toda sociedad.
Los aprendices de brujo quisieron aumentar su poder frenando la natalidad de los “inferiores”, pero al difundir el desmadre sexual y la mentalidad consumista, la natalidad que más se frenó fue la de los “superiores”.
Quienes son adeptos a la filosofía “pro choice” quieren controlar la muerte igual que deciden cualquier otro acontecimiento de la vida, el que puede ir desde un aborto a un divorcio.
Blood Money muestra el negocio del aborto, explicado por ex trabajadores y víctimas y sin imágenes sangrientas... una vez más quedan en evidencia las atrocidades del aborto.
La adolescente que queda embarazada le resulta bueno aceptar su embarazo y no atentar criminalmente contra él, ya que toda vida humana concebida desde la concepción es buena.
La Cumbre Mundial de Naciones Unidas sobre los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” trae como mensaje, más que apoyar la salud reproductiva, la no reproducción.
No significa que las personas enfermas no deban desear la curación; pero necesitan aprender también a sobrellevarlo y a vivir con él: solo así podrán encontrar paz y sosiego.
Sus implicados defienden la idea de los donantes para bebés bonítos como una “noble causa”. En ella son expulsados quienes pierden sus atributos físicos.