Europa asesinada
Joaquín García Huidobro | jueves 15 de enero de 2015
La gran cultura europea está afectada por dentro cuando la libertad, la dignidad, la verdad y la racionalidad, algunas de sus notas distintivas, son vaciadas de contenido.
La gran cultura europea está afectada por dentro cuando la libertad, la dignidad, la verdad y la racionalidad, algunas de sus notas distintivas, son vaciadas de contenido.
Si la libertad de expresión incluye la posibilidad de burlarse de una religión, debemos entonces incluir el derecho a la burla de personas con diversa orientación sexual, razas, culturas y un largo etcétera.
Respecto de la discriminación y la intolerancia, cada vez se yerguen con más fuerza las leyes que hoy restringen peligrosamente la libertad de expresión.
Sin un pasado compartido y sin un sentido trascendente, se disolverían las comunidades, o se convertirían en simples máquinas productivas, maduras para caer en las manos de la destructora tiranía marxista.
Es contrario a la libertad sindical que para acceder a beneficios de una negociación colectiva, un trabajador se vea obligado a sindicalizarse, como pretende la reforma laboral.
Es fácil y hasta agradable dialogar con otros en las redes sociales. No es tan fácil, y en ocasiones resulta problemático, mantener una comunicación directa y viva en el hogar.
El opuesto a la sociedad es el agrupamiento forzoso de los individuos impulsado por dirigentes confundidos algunos, o llenos de miedo, odio y mentiras otros, que abusan de la buena fe de la mayoría.
La democracia hoy es un fundamento de gobierno: a través de la mayoría, es lícito subvertir la ley divina y la ley natural. Esto no lo puede defender ni la Iglesia, ni ninguna persona con sentido común.
Verdaderamente cuico es todo aquel que carece copulativamente de estas condiciones: interés por lo que escriben y dicen los que saben, sensibilidad para entender las señales sociales, responsabilidad humilde para dejar de lado sus paupérrimas intuiciones.
Una de las grandes paradojas de nuestra época es que los “derechos humanos” han pasado de ser una realidad objetiva a convertirse en estrictas y cambiantes directrices coactivas para la conducta colectiva de los ciudadanos.