Blindados de barro
Ignacio Aréchaga | viernes 4 de diciembre de 2015
Quienes exigen gastar todo lo que sea necesario para garantizar lo que entienden como derechos sociales lo que están pidiendo en el fondo es vivir a cuenta de generaciones futuras.
Quienes exigen gastar todo lo que sea necesario para garantizar lo que entienden como derechos sociales lo que están pidiendo en el fondo es vivir a cuenta de generaciones futuras.
Lo que no se había dado nunca es que existiera una empresa bien organizada, multimillonaria, que se dedicara sistemáticamente a implantar el mal moral, la corrupción de las costumbres.
Curioso principio, que en la práctica hace admisible la intolerancia: basta apelar a un supuesto derecho a la provocación para no tener que rendir cuentas por la falta de respeto hacia las creencias ajenas.
Es diciembre un mes privilegiado, que nos permite compararnos en el tiempo, y si nos hacemos el tiempo, puede ser una gran oportunidad para mirar nuestras vidas.
Puede provocar auténticos movimientos de masas. Porque es una representación muy intensa: muy viva y muy dramática. Y puede conmover nuestras emociones y nuestros valores más íntimos.
Vivimos en una sociedad en la que la maldad se ha transformado en una entidad abstracta, con la que podemos vivir tranquilamente sin que la conciencia nos moleste demasiado. Conocemos todos los horrores posibles, pero ellos desaparecen con solo pasar el dedo por la pantalla.
No sé si vamos a ver más de esto mismo. Ojalá que no… Sólo sé que en esta oportunidad había que decir: "no, eso no se hace". Y habrá que seguir diciéndolo cuando haga falta.
Los estudiantes son todos chilenos, por si a alguien se le ha olvidado; y poseen los mismos derechos, entre ellos, a optar por los fondos públicos. La sociedad civil también puede fundar universidades.
Un idioma es más que una herramienta para generar ingresos, y una educación es algo más que una herramienta para ganarse la vida.
Quienes repiten las necedades políticamente correctas, distinguiendo al islam de quienes lo aplican, suelen ser los mismos que sostienen que en la Unión Soviética no se aplicó el “verdadero” socialismo.