Necesitamos de la elite
Francisco Ramírez | viernes 27 de julio de 2018
La crisis es real, pero ha sido alimentada por los mismos que se quejan de sus efectos. Con todas sus letras: hipocresía.
La crisis es real, pero ha sido alimentada por los mismos que se quejan de sus efectos. Con todas sus letras: hipocresía.
No se contentan con destruir el matrimonio natural sino que nos obligan a vivir como si la gran mentira del matrimonio entre personas del mismo sexo fuera verdad.
Me opongo de todo corazón a la revolución transgénero y predigo que, en última instancia, fallará. Este es el por qué.
No se puede decir de La libertad ¿para qué? que sea un texto escrito para acariciar el lomo del lector. Antes al contrario: pone al lector frente a su responsabilidad.
Que lo temporal, que sin duda debe considerarse conforme a la Doctrina Social de la Iglesia, no nuble, sino que ayude a despejar la misión esencialmente espiritual de la Iglesia.
La democracia implica igualdad; ¿es necesario recordar que un estudiante no es el igual de su profesor? Esto, además de ser una incoherencia, es una grave imprudencia.
Cuesta poco entender que los discípulos de Cristo intentaran espantar al corro de niños que de pronto lo rodea justo en uno de esos momentos suyos de inescrutable ensimismamiento.
¿Significa entonces que, a partir de ahora una empresa con propósito, con ideario, corre con desventaja en una licitación pública, pues no será un buen sustituto del Estado?
¿Cómo tomamos lo de Lavín? ¿Se puede decir de él que sería un político con visión? Ni idea. Arquitectos y urbanistas apenas se han manifestado.
Con razón nos advertía Cicerón que, entre todas las formas de pervertir el Derecho, la más alevosa es la que se envuelve con argumentos compasivos.