El país esquizofrénico
Juan Ignacio Brito | viernes 31 de agosto de 2018
Parece que vivimos en una suerte de esquizofrenia social: un Chile con dos personalidades que no conversan entre sí y que se miran cada vez con mayor recelo y desconfianza.
Parece que vivimos en una suerte de esquizofrenia social: un Chile con dos personalidades que no conversan entre sí y que se miran cada vez con mayor recelo y desconfianza.
Lamentablemente, lo único que sostiene esta ley fantástica es el discurso de lo políticamente correcto adornado con ideología de género.
Tenemos que escarbar en nuestra historia. La derecha tiene que estudiarse a sí misma y volver a los gigantes que abundan en su pasado.
Cuando se aborta, el único que no puede decir nada es el abortado. Que es alguien, sea aceptado o no, deseado o no, reconocido o no.
Han sido 359 las madres a las que nadie fue capaz de mostrar un camino menos oscuro que el de acabar con la vida de sus hijos.
Tratándose de una capilla ardiente, animita o altar de la memoria de deudos que no toleran crítica alguna, no es descartable que estemos además subsidiando el sectarismo.
Vale la pena precisar qué es la llamada “salud sexual y reproductiva”, para la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Los enemigos de la Iglesia están usando el tema de los abusos para menguar su autoridad moral porque se opone a la agenda abortista y de género impulsada por organismos internacionales.
Hay sectores del alumnado que creen que la libertad de expresión no lleva aparejados derechos para quienes son ofendidos.
¿Por qué un museo que se sostiene en base a una memoria particular y excluyente, y a los derechos de un grupo acotado, ostenta el título de “la memoria y los derechos humanos”?