Europa asesinada
Joaquín García Huidobro | jueves 15 de enero de 2015
La gran cultura europea está afectada por dentro cuando la libertad, la dignidad, la verdad y la racionalidad, algunas de sus notas distintivas, son vaciadas de contenido.
La gran cultura europea está afectada por dentro cuando la libertad, la dignidad, la verdad y la racionalidad, algunas de sus notas distintivas, son vaciadas de contenido.
Si la libertad de expresión incluye la posibilidad de burlarse de una religión, debemos entonces incluir el derecho a la burla de personas con diversa orientación sexual, razas, culturas y un largo etcétera.
Respecto de la discriminación y la intolerancia, cada vez se yerguen con más fuerza las leyes que hoy restringen peligrosamente la libertad de expresión.
Sin un pasado compartido y sin un sentido trascendente, se disolverían las comunidades, o se convertirían en simples máquinas productivas, maduras para caer en las manos de la destructora tiranía marxista.
Es fácil y hasta agradable dialogar con otros en las redes sociales. No es tan fácil, y en ocasiones resulta problemático, mantener una comunicación directa y viva en el hogar.
La democracia hoy es un fundamento de gobierno: a través de la mayoría, es lícito subvertir la ley divina y la ley natural. Esto no lo puede defender ni la Iglesia, ni ninguna persona con sentido común.
Para el Gobierno, la religión es un accidente en el currículo; no es objeto auténtico de conocimiento racional y, por lo tanto, el proceso educativo de los niños no sufre un ápice si se prescinde de ella.
Mientras nuestras autoridades políticas quieren que exista en ciertos casos el aborto, el Papa Francisco nos exhorta a que en nuestra sociedad no debiera haber lugar a ello y compromete el trabajo de la Iglesia en la defensa de la vida.
La escuela “neutral” o “aconfesional” es en realidad una escuela atea que funciona como un semillero de individualismo sin sentido social, sin tradición, sin sentido del arte y del paisaje de la patria.
A quienes legítimamente se molestan con quienes quieren destruir la familia no les cabe sino reforzar la doctrina de siempre. Para lograrlo, hay que bajar las 46 preguntas que la Santa Sede ha planteado a las conferencias episcopales, contestarlas y acercarse a la parroquia a dejar esa contribución.