La incansable persecución cristiana
Magdalena Moncada | sábado 20 de junio de 2020
Necesitamos mirar a esos cristianos que enseñan firmeza en tiempos de tibieza. Que estos mártires sean testimonio.
Necesitamos mirar a esos cristianos que enseñan firmeza en tiempos de tibieza. Que estos mártires sean testimonio.
Para Chesterton, por lo tanto, creer en la presencia real en el Santísimo Sacramento era la piedra de toque misma de la verdad.
El Covid-19 puso al desnudo una enfermedad insidiosa que corroe a la Iglesia: ella se pensaba a sí misma como “de este mundo”.
A la violación del derecho a la libertad religiosa se suma la denegación de justicia, esto desampara a un grupo de personas.
Quienes creen sinceramente en esta transfiguración de sus cuerpos no temen a la muerte, ni se desmoronan ante la enfermedad.
Hay alumnos que no trepidan en agredir los más sensibles bienes morales y religiosos de la Universidad.
Esto es demasiado para el hombre moderno, aquel que está colmado de seguridades, aquel que no se conmueve por nada.
La imposibilidad de recibir los sacramentos equivale a una amputación, pues cercena una dimensión clave de la persona humana.
El Dios en el que creen los cristianos probó el dolor en sus propias carnes, por liberarnos del pecado.
Dos santos doblemente heroicos pues, al peligro atendiendo a los enfermos, se une el peligro por ser sacerdotes católicos.