La falacia de la teoría de la evolución biológica
José Antonio Valdivia Fuenzalida | martes 24 de marzo de 2009
Su gran perdurabilidad no radica en la firmeza de sus fundamentos, sino que solo en la voluntad de quienes creen en ella.
Su gran perdurabilidad no radica en la firmeza de sus fundamentos, sino que solo en la voluntad de quienes creen en ella.
La democracia no puede consistir en un simple juego de poder en el que los ciudadanos votan por cualquier lista política.
La mística tipo “New Age” resulta a la larga sumamente perniciosa ya que nos lleva al relativismo moral y al “todo vale”.
A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio.
La libertad no es una excusa para el egoísmo, que degrada al hombre.
La falacia positivista estriba aquí en una opción inicial arbitraria: se opta por reconocer como única realidad la físico-natural y se define la existencia personal y social únicamente con respecto a ella. A continuación se declara a Dios carente de sentido.
Una crisis hay que verla como parte de la pedagogía divina que, permitiendo nuestro sufrimiento, nos conduce a recordar de donde venimos y a donde vamos.
Es el alemán Robert Spaemann. En un libro sobre ese “rumor inmortal”, siempre vivo y siempre controvertido, que es la existencia de Dios. Con el trasfondo del consejo dado por Benedicto XVI “también a nuestros amigos que no creen”.
No hay ningún sistema que nos exima de ser mejores ni de buscar el bien con un esfuerzo continuado… Ya hemos sido engañados muchas veces por los vendedores de mentiras.
Hay mucha gente que no encuentra el sentido de su vida, de su propia historia, aun cuando sea casi imposible vivir sin sentido, sin saber hacia dónde se va y por tanto qué hacer y cómo.