Los jóvenes buscan mensajes verdaderos y proyectos humanizadores, aunque sean sacrificados
Mons. Ricardo Blázquez | martes 5 de mayo de 2009
Es necesario ofrecerles razones para creer, vivir y sufrir por la verdad y el bien.
Es necesario ofrecerles razones para creer, vivir y sufrir por la verdad y el bien.
Ha sido Misionera en la India, donde los cristianos son perseguidos.
Todos podemos experimentar cuánto aprendemos y cuánto podemos ayudar a los demás si sabemos escuchar, primero a Dios.
Esta virtud se ha hecho urgente porque la Humanidad ha encontrado el modo técnico de destruirse a sí misma.
Su aborto la marcó de por vida y la ha llevado a fundar una Congregación religiosa en defensa de la vida.
¿Por qué el sida es tan devastador en África? Ciertamente, no lo es por la escasez de preservativos...
Sin sacrificio, no existe una vida lograda. Desde el punto de vista cristiano, todo tiene su origen en el gran “sí” que Dios ha dado al hombre en Jesucristo.
No es simplemente una terapia, sino una cosmovisión religiosa, una espiritualidad panteísta con no pocos principios esotéricos y gnósticos.
No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba.
El núcleo de estos días contradice todo lo que el mundo pagano creía saber sobre la vida y supera todo lo que el mundo post-cristiano proclama sobre la felicidad.