Música celestial
Augusto Merino M. | viernes 18 de diciembre de 2009
Cuando uno entra a las iglesias, no puede menos que espantarse al oír la música que en ellas se toca. Así se confunde y pierde el sentido de lo sagrado, y se arruina la liturgia.
Cuando uno entra a las iglesias, no puede menos que espantarse al oír la música que en ellas se toca. Así se confunde y pierde el sentido de lo sagrado, y se arruina la liturgia.
Quien pretende suprimir las manifestaciones de la religión en la cultura, acaba por imponer la dictadura de su propia religión o visión irreligiosa de la vida.
Con una excusa perfecta, no necesitamos perdón; pero si una acción requiere ser perdonada, es imposible una excusa.
Las universidades católicas no son propiedad de quien las ha fundado o de quien estudia en ellas, sino expresión de la Iglesia y de su patrimonio de fe.
El legado puritano brota como el origen y sustento de las costumbres y, por ende, como raíz de la identidad cultural norteamericana.
Entre esas cosas que vienen al mundo por oleadas está la preocupación por el “habitat”, “medioambiente” o “ecología”. Se trata de uno de los “signos de los tiempos”.
La apatía, el silencio, el dejar hacer, la mediocridad o la cobardía de los “buenos” puede llevar a traicionar y destruir las personas y las realidades que más queremos.
Sin el alimento esencial de la oración, el Presbítero enferma, el discípulo no encuentra la fuerza para seguir al Maestro y, de esta manera, muere por desnutrición.
Benedicto XVI congregó a unos 260 artistas de renombre internacional para superar la brecha que desde hace décadas se da entre el mundo artístico y la Iglesia.
Orar es un acto racional. En todas las épocas y todas las culturas los seres humanos se han dirigido a Dios para manifestarle los propios deseos y sentimientos.