¿Estado de emergencia?
Axel Buchheister | viernes 11 de marzo de 2016
Y usted, que pide mano dura pero mira para el lado cuando procesan a un carabinero, ¿también opina que hay que pasarle el bulto a un conscripto, declarando un estado de excepción?
Y usted, que pide mano dura pero mira para el lado cuando procesan a un carabinero, ¿también opina que hay que pasarle el bulto a un conscripto, declarando un estado de excepción?
Como era de esperar, el proyecto de ley de aborto ha dado un paso más en el Congreso, con lo cual dentro de poco, el útero materno podría ser el lugar más peligroso para vivir.
Peña argumenta sofísticamente, al estilo contractualista de Glaucón. Y asume el papel de una suerte de Herodes criollo que no sólo aboga por el asesinato de los inocentes, sino por el de los propios hijos.
La afinidad entre Putin y Trump es patente y se han cruzado elogios mutuos. Si hay un Putin en Rusia, ¿por qué no puede haber un Trump en EE.UU.?
La puerta no puede estar más que abierta o cerrada. La esperanza de mantenerla entreabierta para casos graves se ha comprobado, por experiencia, completamente ilusoria. Esa pequeña apertura, inspirada en casos dramáticos, con el tiempo se convierte en un tremendo forado…
La defensa a brazo partido del aborto no obedece a un problema urgente que requiere de una solución, sino a un particular modo de entender el mundo, que quiere imponerse a quienes piensan distinto.
Carlos Peña instaló un concepto, pero la instalación ha sido contraria a la lógica elemental… No hay nada más básico, es más simplemente erogatoria y normal, que la de ser madre para ese hijo.
No podemos seguir confiados en nuestra defensa jurídica tradicional; y, en lo mediático, no debemos hacerle el juego a Evo Morales. Chile debe mantenerse firme en su posición de no hacer concesiones territoriales.
La doctrina de Scalia debe ser recordada y profundizada: los jueces acatan lo que el pueblo ha decidido soberanamente a través de las instituciones previstas para legislar y decidir las políticas públicas.
Como nos enseña Rousseau, no es más que un hábil y refinado engranaje de censuras urdido para legitimar las ingenierías sociales más ominosas. Y al servicio de ella están los políticos.