El país en que estamos
Juan Ignacio Brito | sábado 13 de agosto de 2016
Un lugar donde los buenos tienen que esconderse detrás de puertas blindadas mientras los malos lanzan bombas molotov y donde los que están llamados a protegernos no aparecen.
Un lugar donde los buenos tienen que esconderse detrás de puertas blindadas mientras los malos lanzan bombas molotov y donde los que están llamados a protegernos no aparecen.
La falta de políticas públicas para la familia es completamente transversal en Chile. Los asuntos relativos a esta institución han sido abordados desde una perspectiva individualizada y sectorial.
El sistema económico capitalista no fracasa por el lado económico; tiene problemas, pero son mucho menores que los de las posibles alternativas. Lo que falla son los fundamentos filosóficos y sociales.
El proyecto de Ley de Educación Superior recientemente ingresado al Congreso tiene como objetivo acabar con la autonomía de las universidades públicas con financiamiento estatal y privado.
Cualquiera sea la solución al problema previsional que nos aqueja, esta no debería venir solo de la perfección del sistema de AFP, sino también de la promoción y valoración del ahorrante.
Si la derecha política no se rearticula en torno a un discurso que coloque los fines en el orden correcto, que subordine la economía a la política, el negocio al ocio, la acción al pensamiento, mejor que continúe como modesta oposición.
Lo más importante: personas que dediquen tiempo, creatividad y mística a un proyecto que comienza con una sólida candidatura presidencial y que debe consolidarse en una nueva y atractiva fuerza política.
Cuando se dijo que las pensiones podrían alcanzar el 70% del sueldo, ello suponía que los trabajadores cotizaran durante toda su vida activa y que lo hicieran a razón de 10% de su sueldo real.
Los políticos de centroderecha viven haciendo todo en función de los “votos por conseguir”. No entienden que las elecciones se ganan entusiasmando primero a los partidarios, y que sobre esa base se impresiona y convence a los indecisos.
Se aprecia la proliferación de posturas ideológicas preconcebidas o alimentadas por un pragmatismo instrumental, ajenas a la realidad, donde la verdad parece no importar.