Incitación a la violencia
Rodrigo Pablo | sábado 16 de septiembre de 2017
El proyecto de ley que “Tipifica el Delito de Incitación a la Violencia” en verdad no es más que un entramado de ideas confusas y sin sentido.
El proyecto de ley que “Tipifica el Delito de Incitación a la Violencia” en verdad no es más que un entramado de ideas confusas y sin sentido.
No nos engañemos, los tiempos no están para transacciones. Cada uno, por sí solo, no puede eliminar ni cambiar el Estado moderno, pero sí puede –y debe− resistirse a la pretensión de éste de guiar su vida.
Es claro que ni el aborto ni el “matrimonio” homosexual, en este ni en ningún otro sondeo CEP, han sido prioridad vital de los electores: ni siquiera aparecen mencionados.
Parte de la explicación de este –modificatorio– fallo del texto constitucional se debe a lo que este tribunal llama “interpretación evolutiva”.
Muchos recordaremos a Michelle Bachelet como la Presidenta que, conducida por la intuición e informada por la prensa cuando alcanza a leerla, entró a la cristalería de nuestros hogares a hacer de las suyas.
Ya no se trata “simplemente” de funcionarios corruptos y/o incompetentes, de los cuales hay abundancia, sino de autoridades lesionando por omisión el patrimonio nacional.
Un análisis detenido de la sentencia debe llevar a la conclusión de que en esta materia hubo un empate de cinco votos contra cinco.
Su muerte no fue heroica, como señala el mito, fue penosa. Cuba lo abandonó, huía en la sierra boliviana con un puñado de hombres, estaba destruido física y sicológicamente.
Todos los problemas de todos los tiempos tocantes al amor, no se debieron por actuaciones en los límites de él, sino justamente por extralimitaciones fuera de su radio.
En el debate ideológico no llegamos a determinadas conclusiones mediante argumentos, sino al revés: buscamos los argumentos que respalden conclusiones adoptadas a priori.