Una distopia inquietante
Francisco Rodríguez Barragan | sábado 3 de noviembre de 2018
He empezado a releer el 1984 de Orwell. Cuando lo leí por primera vez, creí que su indeseable distopia era mera literatura de ficción…
He empezado a releer el 1984 de Orwell. Cuando lo leí por primera vez, creí que su indeseable distopia era mera literatura de ficción…
Siempre trato de evitar los desbordes de mi imaginación, pero solo pensar cómo andarían esos pseudo-monos paseándose soberbios y engreídos, me produce fuertes escalofríos.
Culpar a las circunstancias le quita responsabilidad a individuos de carne y hueso e impide hacerse cargo de la raíz del problema, que reside en la esfera moral.
Cansadas estas masas de no ser oídas y de ser embaucadas, no han podido menos que poner sus esperanzas en posturas “políticamente incorrectas”.
A continuación, la presentación realizada por el profesor Alvaro Ferrer en el lanzamiento del libro La Crítica al Discurso de los Derechos Humanos, del profesor Julio Alvear, el 22 de octubre de 2018.
¿Por qué necesitamos museos, teatros y centros culturales financiados con nuestros impuestos? ¿Por qué deben existir fondos estatales para cubrir las necesidades de artistas y creadores?
Hay un elemento común en aquello que la clase política y los grandes medios de comunicación han llamado ‘populismo’: el rechazo de la ciudadanía a las élites.
Nadie dice que la bicicleta sea irrelevante, pero su aporte debe medirse por el número de personas que la ocupan, sin olvidar los modos que usa la mayoría.
Hay que plantearse si los estereotipos son ideas de mera construcción social o si tienen algo que ver con la realidad.
En los hechos, la ONU ha demostrado su inutilidad no solo frente a los asuntos que por su trascendencia son del interés general de sus miembros sino, además, ante los graves conflictos habidos entre países.