Jaime Guzmán y la disputa por su legado político
José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política
“A sólo pocas horas del notable gesto de generosidad de Evelyn Matthei, el Partido Republicano genera un nuevo, gratuito e innecesario conflicto.
”Resulta patético que una persona que no conoció ni de cerca la figura de Jaime Guzmán pretenda sostener de manera absurda y desquiciada que el [sic] habría abandonado el partido político que fundó, la UDI, para apoyar a otra colectividad”.
Así comienza una sorprendente declaración pública de la Unión Demócrata Independiente (UDI) en respuesta a un comentario de Ruth Hurtado, secretaria general y ex Presidenta del Partido Republicano, quien en entrevista con CNN Chile señalaría que si estuviera vivo, Jaime Guzmán “(Votaría) por José Antonio (Kast), no por Evelyn Matthei”; así como que “creo que sin duda hoy día Jaime Guzmán estaría en el Partido Republicano y no en la UDI”. Todo esto, producto del giro a la izquierda que ha vivido el partido cuyo fundador que no veía bien “nada que sea aguas tibias” y que creía que su agrupación debía ser “bien de derecha, con ideas bien claras, bien definidas”.
Si bien parece una nueva polémica entre Chile Vamos y el Partido Republicano en su disputa por el liderazgo del sector, es la reapertura de una profunda discusión respecto del legado político de Jaime Guzmán. Por eso mismo, la Fundación que lleva su nombre entró al baile, sosteniendo que “expresa su rechazo a la utilización de la figura y memoria de Jaime Guzmán con fines coyunturales o de cálculo electoral”.
Como Jack el Destripador, vamos por partes. En primer lugar, la cuña de Hurtado es discutible, pero parte de premisas verdaderas. Es cierto, como hemos demostrado reiteradas veces en esta tribuna, que la UDI se ha alejado de su ideario fundacional y que, incluso, en el último tiempo se han dedicado a torpedear el legado de su fundador, al menos desde su respaldo en 2009 a Sebastián Piñera –aunque el profesor Gonzalo Rojas sitúa el clivaje en la primera campaña presidencial de Joaquín Lavín–. En ese sentido, si nunca hubieran matado a Jaime Guzmán, parece razonable –y no “patético”, “absurd[o] y desquiciad[o]”, como descalifica la UDI– pensar qué hubiera hecho Guzmán en una elección como la que hoy enfrentamos.
Aunque el asesinado senador cambió de opiniones políticas a lo largo de su vida, su acción política se fundaba en principios permanentes que iluminaban sus decisiones políticas. Por ejemplo, su rechazo a participar en partidos políticos entre 1970 y 1983, cambió por la fundación y el impulso de la UDI, un partido político que se convertiría en el más grande de Chile –y entre medio como fundador y dirigente de Renovación Nacional (RN)–; o su opción por ideas provenientes del tradicionalismo español en los inicios de su acción política, que cambiaría por el conservadurismo con reminiscencias norteamericanas en sus años como líder de la UDI. Durante todos esos años trabajaría por la autonomía y despolitización de los cuerpos intermedios, y por la promoción del principio de subsidiariedad como vertebrador del orden social, como bien demuestra José Manuel Castro –quien tampoco “conoció ni de cerca” a Jaime Guzmán, pero que es su principal estudioso– en Jaime Guzmán. Ideas y Política (2016).
No haber conocido personalmente a Jaime Guzmán no inhabilita para pensar, como Hurtado, que Guzmán habría optado por el Partido Republicano –o, como Hermógenes Pérez de Arce, que lo haría por el Nacional Libertario–. En la UDI cometen el error de creer que las decisiones de Guzmán se cristalizaron y que él no hubiera cambiado de posiciones o tiendas políticas.
En nuestro caso, creemos que la discusión se ha llevado de una forma un tanto artificial, porque de estar Guzmán vivo la UDI no hubiera traicionado a una figura a la que mientras reivindica en cada campaña electoral –sí, al contrario de lo que insinúa la Fundación Jaime Guzmán (FJG), el uso electoral lo está haciendo la UDI (si quiere vaya a sus redes sociales)–, se dedica a tirar por la borda todo lo que él representaba. Por eso, pareciera más razonable sostener que de estar Guzmán vivo, la UDI seguiría fiel a sus ideales fundacionales y José Antonio Kast no hubiera dejado dicha agrupación para fundar el Partido Republicano, que hoy está mucho más cerca de las ideas guzmanianas que la UDI actual.
De esta manera, al contrario de lo que indica Tomás Jordán en entrevista con El Mostrador, la hipótesis de que Republicanos encarna el legado guzmaniano que la UDI desechó en los hechos no es “anti-guzmaniana”. De hecho, Guzmán en su columna “Gremialismo: patrimonio de los demócratas” (La Segunda, 1984) dice justamente que veía con buenos ojos que “los demás movimientos políticos democráticos siguieran el criterio de la UDI de asumir el gremialismo para los cuerpos intermedios no políticos de la sociedad […]” y que “ninguna contradicción existe entre ser gremialista para lo gremial y democrataindependiente para lo político. Así como tampoco la hay entre ser gremialista y ser nacional, radical o democratacristiano [–hoy agregaríamos republicano–], siempre que no se extrapolen estas definiciones políticas al ámbito gremial”.
Más claro echarle agua: Guzmán no buscó que la UDI se arrogara el monopolio de los principios gremialistas en la acción partidista, como hoy en la UDI parecen creer. Luciano Santander lo explica claramente: “Si comparamos los principios rectores de la UDI y el PRep, encontramos una convergencia doctrinaria con el gremialismo”, por lo que, “más allá de las retóricas y disputas contingentes, ambos adoptan y adaptan la misma matriz ideológica, compartiendo así una misma identidad gremialista. Y en esta línea, Guzmán se articula como el vínculo entre la socialización y la doctrina de una misma cultura militante en dos partidos que compiten para reivindicar el mismo legado”.
En esta elección no sólo se juega la Presidencia de la República, ni la hegemonía de la derecha, entre el septiembrismo representado por Kast y Kaiser, y el noviembrismo encarnado en Evelyn Matthei. También será sede de la disputa por el legado del gremialismo guzmaniano, en crisis en las universidades y en el partido que lo reivindicó en el pasado, pero con la oportunidad de renovarse en el que se articula como su legítimo sucesor. Si la UDI quiere volver a las raíces gremialistas y no horadar el legado guzmaniano, podrá encontrar en el Partido Republicano un aliado y no un competidor.




