El Estrecho de Magallanes es chileno, por concesión del Rey

José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política

En las últimas semanas ha vuelto a reflotar una “polémica” respecto del Estrecho de Magallanes. En Argentina, pese a que ha sido reiteradamente sancionado en tratados internacionales desde 1881, insisten en reclamar la soberanía respecto de todo el Estrecho o parte de él. No hay que olvidar que el expansionismo argentino en 1978 estuvo a horas de llevarnos, si no fuera por la mediación del Papa San Juan Pablo II, a la guerra, precisamente por el trazado del Estrecho. Esta vez fue el Jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea argentina, el brigadier general Gustavo Javier Valverde, quien dijo que “Magallanes […] es soberanía”. A pesar de que el Presidente Milei, el Canciller, el Ministro de Defensa y el Comandante en Jefe de la Armada trasandinos reafirmaron en los últimos días la soberanía chilena del Estrecho, las declaraciones del Gobierno argentino y de su Almirante son insuficientes. No sólo Valverde sigue en su cargo a pesar del impasse diplomático. También sigue vigente –pese a que en marzo de 2025 Milei prometió derogarlo– un decreto firmado por Alberto Fernández (Decreto 457/2021), donde se califica al Estrecho de Magallanes como “espacio compartido”, lo que se suma a otras controversias diplomáticas recientes como la instalación “por error” de paneles solares argentinos en la zona chilena de la Isla Tierra del Fuego en 2024.

Este lunes 21 de septiembre se cumplió un nuevo aniversario de la Toma de posesión del Estrecho de Magallanes por parte de la República de Chile en 1843. Por instrucción del Presidente Manuel Bulnes, el Intendente de Chiloé y Comisario Contador de la Marina, Domingo Espiñeira encomendaría el control del Estrecho y las tierras adyacentes al Capitán de Fragata inglés nacionalizado chileno John Williams Wilson, quien se desempeñaba como Capitán del Puerto de Ancud. Si bien Argentina recién reconocería la soberanía chilena del Estrecho a partir de 1881, las pretensiones chilenas sobre el Estrecho son muy anteriores a 1843. De hecho la República de Chile siempre consideró que el Estrecho de Magallanes estaba incluido dentro de los territorios de la Gobernación de Chile según el principio Uti possidetis iuris, por el que las nacientes repúblicas reconocieron las fronteras establecidas por la Corona española que se encontraban vigentes en 1810.

El primer documento que reconoce la soberanía chilena del Estrecho –que ya había sido solicitada al rey por Pedro de Valdivia– es la “Real Cédula sobre la gobernación de la otra parte del Estrecho de Magallanes” expedida por el rey Carlos I de España (Carlos V de Alemania) el 29 de septiembre de 1554. Si bien en 1554 se distinguiría entre los territorios al norte del Estrecho, correspondientes a la Gobernación de Chile –entregados a Pedro de Valdivia, quien a ese momento ya había sido asesinado por los araucanos–, y los territorios al sur de Magallanes –la Terra Australis Incognita, correspondiente a la Isla Tierra del Fuego y la Antártica– otorgados a Jerónimo de Alderete. Un año después esta hipotética Gobernación de Terra Australis sería incorporada a la Gobernación de Chile.

La “Real Cédula de erección del virreinato del Río de la Plata”, de 1776, expedida por el rey Carlos III y José de Gálvez y Gallardo, sólo traspasaría al naciente Virreinato trasandino las regiones chilenas de Cuyo y San Juan, pero no dice nada respecto de la Patagonia Oriental, el Estrecho de Magallanes, Tierra del Fuego ni la Antártica. Si bien existía ambigüedad con respecto al estatuto de los territorios patagónicos –que en 1570 fueron entregados a la Gobernación del Río de la Plata, dejando al Estrecho de Magallanes en una situación compartida, y en 1661 devueltos a Chile, reafirmado en 1680–, a partir de 1776 se hicieron responsables tanto el Virreinato del Perú y la Capitanía General de Chile –el Virrey y ex Gobernador Ambrosio O’Higgins mandató crear ciudades y fuertes en la Patagonia Oriental, conocida en ese entonces como el Chile Moderno–, como el Virreinato de la Plata –que crearía en 1778 la Superintendencia de los Establecimientos Patagónicos, transformada en 1785 en Comandancia de Patagones, la cual mantendrían las sucesivas repúblicas rioplatenses hasta 1878–, no ocurrió así con el Estrecho de Magallanes, que fue retenido por la Gobernación chilena hasta 1810. 

Son esas prerrogativas de los tiempos indianos las que llevan a la naciente República de Chile, desde los primeros años de vida independiente, a buscar la incorporación de los territorios del Estrecho de Magallanes, Tierra del Fuego y la Antártica Chilena, así como, desde el Estrecho, los de la Patagonia Oriental. De esta manera, desde 1554 y no sólo desde 1843, el Estrecho de Magallanes es chileno, primero de la Gobernación, Presidencia y Capitanía General, y posteriormente de la República. Las pretensiones argentinas respecto de “soberanías compartidas” deben ser enfrentadas por el Estado chileno con decisión y siguiendo el principio fundamental de nuestra política exterior: pacta sunt servanda.