Una reflexión sobre la ansiedad en el período escolar
Germán Gómez Veas | Sección: Arte y Cultura, Educación
Una de las materias de creciente interés en la literatura psicoeducativa, es el relativo a las dificultades emocionales que afectan a los niños y adolescentes durante su trayectoria escolar. Entre esos tópicos, el de la ansiedad ocupa un lugar considerable.
Al respecto, la literatura especializada describe que los trastornos de ansiedad en los niños suelen caracterizarse por irritabilidad, nerviosismo, preocupación excesiva, timidez, problemas para dormir o síntomas físicos, como dolores de cabeza o problemas digestivos. En cuanto a los síntomas, se describe una amplia diversidad, que en los menores van desde la falta de concentración a frecuentes episodios de llanto; en tanto en los adolescentes se mencionan, entre otros, los miedos o preocupaciones constantes sobre aspectos rutinarios de su vida, el alejamiento de amigos o actividades sociales y dificultades en la escuela o un bajo rendimiento repentino. Asimismo, hay investigaciones científicas que son categóricas al señalar que en muchos de estos trastornos inciden las horas que niños y jóvenes pasan frente a dispositivos móviles, en particular los adolescentes absortos en enviar mensajes de texto a amigos, o que dedican mucho tiempo a interactuar en sus cuentas de redes sociales. También influyen negativamente las horas que pasan en sitios de juegos online.
Desde un punto de vista práctico, relativo al proceso propio de la gestión educativa, la investigación “Algunos efectos de la ansiedad en el rendimiento escolar”, de Gladys Jadue, advierte respecto a cómo pueden ayudar los colegios a que niños y adolescentes tengan un mayor control ante un modo de conducción ansioso. En primer lugar, el estudio indica que “altos niveles de ansiedad reducen la eficiencia en el aprendizaje, ya que disminuyen la atención, la concentración y la retención, con el consecuente deterioro en el rendimiento escolar”. Así, para lograr el cometido educativo, la ansiedad debe ser prontamente atendida, pues de lo contrario no se logra aprender en profundidad. Por otra parte, un aspecto clave a trabajar en esta dimensión, dice relación con el sistema con que se miden los aprendizajes. En este sentido, la investigación concluye dos acciones muy precisas que están bajo el control de los colegios: “que en cada escuela se diversifiquen las evaluaciones” y también que el sistema de evaluación sea “una actividad constante y permanente, que permita estimar el progreso de los alumnos facilitando hacer ajustes para flexibilizar la enseñanza, de acuerdo con los distintos ritmos de aprendizaje de los estudiantes”.
Al respecto, la reflexión pedagógica que emerge es evidente. Si el bienestar emocional es base del aprendizaje en profundidad, ¿están los colegios y las familias dispuestos a reformular sus métodos antes de que la ansiedad frustre el potencial y gran parte del florecimiento de nuestros estudiantes?
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por La Prensa el viernes 31 de julio de 2026.




