Chile Renace: por dónde empezar
María José Naudon y Catalina Siles | Sección: Familia, Política, Sociedad
Las cifras provisionales del INE estiman para 2025 una tasa global de fecundidad de 0,99 hijos por mujer. Es la primera vez que Chile se ubica bajo el umbral de un hijo. La tendencia no es exclusivamente nuestra —el promedio de la OCDE cayó de 3,3 hijos por mujer en 1960 a 1,5 en 2022—, pero el descenso chileno se encuentra entre los más pronunciados de la región.
Ante este desafío, es tentador buscar una medida que lo resuelva todo: un bono, un subsidio o una extensión de permiso. La experiencia comparada aconseja prudencia. Los incentivos monetarios puntuales suelen adelantar nacimientos que ya estaban contemplados, pero difícilmente modifican el número de hijos que las personas tienen a lo largo de su vida. Incluso países que han desplegado paquetes considerables de apoyo no han logrado revertir sostenidamente la tendencia.
La evidencia muestra que las restricciones no operan por separado, sino que se acumulan: un mismo hogar puede enfrentar ingresos inestables, dificultades de acceso a la vivienda, altos costos de crianza y escasa oferta de cuidados. Ninguna medida aislada desarma esa combinación. Por eso, la Comisión Chile Renace propondrá al país un sistema de largo plazo, organizado en ocho ejes: un conjunto de medidas que se refuercen entre sí y acompañen a las familias en las distintas etapas de su trayectoria.
De cada uno de estos aspectos iremos dando cuenta a la ciudadanía, porque un sistema como este solo funciona si se entiende y se reconoce como propio.
Nuestro diagnóstico parte por la dimensión más tangible: lo que cuesta criar y tener dónde hacerlo.
La Canasta de Crianza elaborada por el Ministerio de la Mujer y Unicef (2025) estima en torno a 595 mil pesos mensuales el costo promedio de criar a un hijo. La cifra suma el gasto en bienes y servicios y una valoración del tiempo destinado al cuidado no remunerado. Su composición cambia con la edad: en los primeros años pesa especialmente el tiempo; después, la educación, el transporte y otros gastos.
En materia de vivienda, el panorama es más complejo. Entre 2011 y 2024, las condiciones materiales de los hogares con niños mejoraron: la proporción que habitaba una vivienda aceptable subió de 83,5% a 92,5% y el hacinamiento cayó de 17,7% a 9,2%. Sin embargo, la asequibilidad se deterioró. Los hogares con niños en viviendas no asequibles pasaron de 210 mil a 427 mil. La propiedad cayó de 71,8% a 59,1%, mientras el arriendo subió de 15,9% a 23,8%.
La restricción habitacional ha cambiado de forma. Aunque persisten el hacinamiento y otros déficits, ha adquirido creciente importancia la capacidad de financiar una vivienda estable y compatible con la crianza. El aumento de los precios de las viviendas beneficia a algunos propietarios, pero para los arrendatarios y jóvenes sin patrimonio puede convertirse en una barrera de entrada a la vida adulta y a la formación familiar.
Hay un dato que resume esta transformación. Entre 2006 y 2024, Chile sumó 2,7 millones de hogares, pero los hogares con niños aumentaron en apenas 162 mil. Su participación en el total cayó de 59,2% a 39,0%. Parte de este cambio responde al envejecimiento y al aumento de los hogares unipersonales, pero también muestra que constituir un hogar independiente coincide cada vez menos con la presencia de hijos. Es una de las transformaciones sociales más importantes de las últimas dos décadas y ha ocurrido casi sin que la discutiéramos.
A las condiciones materiales se suman, como hemos adelantado, otros factores: la distribución del cuidado dentro del hogar, las exigencias del trabajo, el temor a que un hijo limite las oportunidades y el lugar que ocupa la familia en los proyectos de vida de las nuevas generaciones. Estas dimensiones se entrelazan y las abordaremos y difundiremos para que la ciudadanía pueda comprender tanto el diagnóstico como el sentido de las medidas propuestas.
El Plan Chile Renace trabajará para que tener un hijo vuelva a ser una posibilidad. Para demasiadas personas aparece hoy como un salto al vacío. Eso se corrige diseñando, a lo largo de todo el trayecto, las condiciones para que la decisión de tener hijos sea, verdaderamente, una decisión.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Mercurio el sábado 15 de agosto de 2026.




