Por la Patria, Dios y la Universidad
José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Arte y Cultura, Educación, Historia, Política, Religión, Sociedad
Con este título usted podría pensar que estoy escribiendo una columna sobre el excelente rendimiento del Club Deportivo Universidad Católica (CDUC) en sus últimos encuentros futbolísticos, particularmente en Copa Libertadores, pero también en Copa Chile y en la ahora llamada Liga de Primera. Sin embargo, aquel lema, un verso del popular himno, no sólo representa al club de la franja, sino que también a una de las instituciones de mayor tradición en el país: la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fundada el 21 de junio de 1888, día del Sagrado Corazón de Jesús –su patrono–, la entonces Universidad Católica de Santiago buscaba contrarrestar el desarrollo del laicismo en las últimas décadas del siglo XIX.
Si ya venían escalando las tensiones entre Iglesia y Estado durante la llamada República Liberal, sería en el Gobierno de Domingo Santa María (1881-1886) cuando las relaciones entre la jerarquía de la Iglesia y el Gobierno se encontraban en sus peores momentos. El gobierno había roto relaciones diplomáticas con la Santa Sede –que serían reanudadas por José Manuel Balmaceda– luego de un conflicto con el capítulo diocesano en el nombramiento del sucesor de Monseñor Rafael Valentín Valdivieso. En medio de dicha ruptura diplomática, el Presidente Santa María impulsaría y aprobaría las leyes laicas –cementerios laicos, registro civil y matrimonio civil– le quitaría a la Iglesia su responsabilidad sobre la vida de las personas en todas sus etapas –bautismo, matrimonio y defunción–.
En esos años se fraguaría un destacadísimo movimiento político e intelectual, encabezado por Abdón Cifuentes. El abogado sanfelipeño lideraría la renovación del conservadurismo chileno durante la segunda mitad del siglo XIX y sería un gran promotor del catolicismo social. Bajo su impulso se defendería la libertad de la Iglesia frente al Estado, principalmente en los ámbitos de la educación, la prensa y la cultura. No sólo actuaría desde el terreno político –ejerciendo como ministro de Educación, diputado y senador por varios períodos–, sino que impulsaría el desarrollo de la prensa libre –concretamente en los periódicos El Bien Público y El Independiente y a través de la Sociedad de Amigos del País–. También sería un gran impulsor de las asociaciones católicas, como miembro de las Conferencias de San Vicente de Paúl e impulsor de la Unión Católica y de la que será la institución más trascendente que contribuyó a formar: la Universidad Católica.
La naciente universidad, heredera de las instituciones coloniales de dominicos y jesuitas, sería el principal bastión de la libertad de los católicos frente a un Estado que buscaba imponer un laicismo sin contrapesos. Fiel a su patrono, el Sagrado Corazón, y a su lema In Christo lumine pro mundi vita (En la luz de Cristo para la vida del mundo), la Universidad Católica se ha caracterizado durante gran parte de su más que centenaria historia por ser un faro que ha iluminado la cultura y el debate público desde la lente de la fe cristiana.
Esto fue especialmente cierto durante el rectorado de don Juan de Dios Vial Correa. Bajo su impulso la Universidad Católica pudo al mismo tiempo ser una universidad de excelencia y fiel a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, en una sociedad cada vez menos cristiana. En ese aspecto, el proyecto de mayor trascendencia que impulsó el médico y humanista fue la revista Humanitas que hasta hoy promueve la reflexión sobre los temas actuales a la luz del pensamiento humanista cristiano para, en palabras del fallecido rector, promover la “evangelización de la cultura”. Desde algunas décadas antes la UC haría lo propio pero en el mundo de la televisión con Canal 13 hasta su venta al grupo Luksic.
Por sus aulas pasaron tres Presidentes de la República –Eduardo Frei Montalva, Sebastián Piñera Echenique y José Antonio Kast Rist–, 87 premios nacionales y decenas de ministros y parlamentarios. En sus patios se formaron tres de los principales movimientos políticos y sociales del país: la Democracia Cristiana, sucesora de la Falange Nacional; el gremialismo, actualmente representado por la Unión Demócrata Independiente y el Partido Republicano, y principal base de apoyo y cuadros del Gobierno; y los Chicago Boys, que transformaron la economía chilena para convertirla en el país más desarrollado del continente. Pero el egresado más importante de la historia de la Universidad Católica es sin lugar a dudas un santo: San Alberto Hurtado (1901-1952), sacerdote jesuita, considerado por el profesor Carlos Frontaura como “El mejor de los nuestros”, quien no sólo estudiaría derecho en sus aulas, sino que impulsaría la creación de la Facultad de Teología, y actualmente es patrono de la Facultad de Derecho.
La calidad académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile ha sido reconocida, especialmente en las últimas décadas, a nivel nacional e internacional, convirtiéndose en una de las mejores universidades de Latinoamérica y el mundo. Pero, más importante, ha sido un faro cultural del país, y muchos de sus egresados han contribuido a la mejora del país. En el marco de su 138 aniversario y del mes de su patrono, el Sagrado Corazón, conviene recordar el rol histórico que ha jugado la Universidad Católica en la construcción de la sociedad chilena. Durante catorce décadas ha sido fiel representante de su lema Por la Patria, Dios y la Universidad.




