Make Chile fome again: 7 claves de la cuenta pública
Álvaro Vergara | Sección: Historia, Política
1. Aura republicana. Las primeras cuentas públicas están pensadas para orientar. Consisten en un discurso imbuido de aura republicana cuyo propósito es marcar el rumbo del país. Como es difícil aprobar proyectos de ley entre marzo y junio del mismo año, lo habitual es capitalizar leyes y políticas impulsadas por la administración anterior. En esta oportunidad, sin embargo, había poco que heredar de Gabriel Boric, cuya iniciativa política se agotó tras la primera vuelta presidencial. Esta cuenta, además, fue recibida con solemnidad por el oficialismo y con respeto por la oposición. En las anteriores, el discurso se veía interrumpido por alabanzas y gritos de barra estudiantil. Hoy hubo aplausos y algunas pifias, aunque todo transcurrió dentro de los márgenes de la mesura.
2. Retorno a las bases populares. José Antonio Kast y Republicanos ganaron la última elección diferenciándose de Chile Vamos. Su diagnóstico era claro: la derecha tradicional se había elitizado y estaba dominada por una mirada proveniente de los sectores más acomodados. Por eso, consideraban necesario volver a conectar con los grupos vulnerables. La cuenta pública del Presidente representaba una oportunidad para retomar esa demanda. Su discurso pareció mantener coherencia con los planteamientos de la campaña. En él, abordó las preocupaciones más sensibles para las amplias mayorías y puso de relieve una idea central: los problemas de violencia, de discordia y los delitos que afectan a Chile surgen desde lo más íntimo de la vida: la familia, la escuela y el trabajo. Puede que las medidas anunciadas por el Presidente sean insuficientes o los métodos equivocados. Pero difícilmente puede reprochársele falta de coherencia. Su discurso estuvo centrado en los ejes de su campaña: seguridad, economía y natalidad.
3. Sí había vocero. Con esta Cuenta Pública, el Presidente volvió a demostrar algo que, pese a las dudas recientes, resulta notorio: Kast es el mejor vocero de su gobierno. Sus críticas al libro y a la investigación, así como el impasse de la metáfora, cuestionaron en su momento esta afirmación. Sin embargo, el discurso de hoy muestra un aspecto clave: el Jefe de Estado no falla en los actos que prepara y medita. La conclusión parece evidente: es necesario resguardar la figura presidencial de los errores no forzados. Un Presidente fuerte habla lo justo y cuando lo hace debe ser escuchado; por lo mismo, el exceso de retórica o intervenciones puede deteriorar ese efecto.
4. Cuenta sin errores ni grandes emociones. Fue una cuenta pública fome, dirigida a aquella ciudadanía mayoritaria que añora la vuelta del Chile fome. Los asesores del Presidente fueron pulcros al elegir las frases y los temas abordados y estuvieron certeros en un aspecto: cerraron los posibles flancos. Siempre se podrán criticar las ausencias (por ejemplo, qué se hará con el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia). Aun así, se cumplió con el objetivo de evitar los puntos que pudiesen transformarse en escándalos políticos. Cualquier error notorio podría empañar un eventual repunte (y no solo electoral) derivado de la cuenta pública. Nunca debe olvidarse que los buenos discursos y las palabras pueden generar consecuencias poderosas en el espíritu humano.
5. Estructura y orden adecuado. El Presidente comenzó con las bases generales que orientarán su gobierno, puso el acento en sus ejes de campaña (seguridad y migración), pasó al empleo y la economía y cerró con consideraciones de tipo social. Ahora bien, el discurso escrito pudo haber sido más profundo o potente en algunos pasajes. Quedó forzada tanto la mención de figuras como Portales, Bello y Montt, como la referencia al bien común sin mayor desarrollo. Valía detenerse un poco a reflexionar y ofrecer un marco histórico sobre la conexión de estos elementos con el actual gobierno. ¿Era necesario mencionar a Mistral para decir que la escuela está mal? El Presidente, no obstante, hizo algo interesante: marcó los énfasis, complementó y utilizó conectores que mejoraron el mensaje hablado. Allí los políticos muestran el oficio.
6. El ajuste economía-seguridad. Para nadie es un secreto que el inicio del Gobierno estuvo desbalanceado. Una de sus áreas, la economía, creció en desproporción respecto de la otra, la seguridad. La mayor fortaleza de Quiroz versus la improvisación y opacidad de la ministra Trinidad Steinert, desfiguró el inicio del Ejecutivo. Como el Gobierno se inclinó hacia la economía, saturó la agenda con materias relacionadas a la cartera de Hacienda y utilizó parte del capital político que, en lugar de destinarse a otras áreas, se consumió con el MEPCO y la tramitación del Proyecto de Reconstrucción. Con su discurso, el Presidente hizo valer su poder ordenador y trazó las líneas para recuperar el tiempo perdido en materias de seguridad. Las señales fueron claras: el ministro de Seguridad tendrá a su cargo la tarea de trabajar en esta prioridad, que ocupaba los primeros lugares en los sondeos hasta antes del alza del petróleo y el costo de la vida.
7. Una promesa ambiciosa. Pareciera que el sustrato de la cuenta pública puede encapsularse en un aspecto: que el Estado recupere toda su fuerza y respeto (ahí el Presidente conectó con Portales y Bello). Solo un sistema jurídico sólido y una institucionalidad capaz de imponer respeto (y miedo para los delincuentes) pueden generar las condiciones que este Gobierno ha prometido. El Estado no debe ser buena onda y amoroso, sino irresistible como un monstruo marino, diría Thomas Hobbes. Chile, en ese sentido, debe recuperar la previsibilidad de las conductas y alejarse de los imprevistos negativos que provienen del delito, los parlamentarios revoltosos y los escándalos políticos. Cuando Chile vuelva a ser fome, será seguro.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Ex-Ante el lunes 1 de junio de 2026.




