La sombra de Portales

Rodrigo Ojeda | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Vida

Diego José Pedro Víctor Portales y Palazuelos. Nació y murió el mismo día: un 6 de junio. Es considerado un “hombre de estado” y forjador de la naciente república de Chile, durante el siglo XIX. Su pensamiento y orden portaliano quedaron plasmados en su epistolario y en los hechos históricos. Cuenta con defensores y detractores. Para Benjamín Vicuña Mackenna: “fue un gran innovador” con “un instinto poderoso y creador”, “un hombre a todas las luces extraordinario, pero imperfecto”. Distante de los honores, cargos y reconocimientos públicos. Lector de textos clásicos y de formación religiosa. De familia aristocrática y exiliada. Laborioso y diligente. Fue opositor al caudillismo y el federalismo de su época. Se dedicó al comercio en Valparaíso y Lima. Su trayectoria mercantil y las malas experiencias comerciales reafirmaron su convicción política de organizar y ordenar los asuntos públicos. Enviudó a temprana edad y atravesó una crisis personal. De personalidad fuerte y temperamental. De vida privada desordenada. De tono burlesco y bromista.

Su opinión fue solicitada en público y en privado debido al sentido común y su franqueza. Fue un buen consejero mediante cartas y conversaciones. Un conocedor del mundo político y de la sociedad de entonces, entendió tempranamente que, la organización y consolidación de la república, requería de un gobierno fuerte, orden y respeto de la ley. Además de un pilar esencial: la honestidad y rectitud en las instituciones estatales. Consideró primordial el fortalecimiento de las virtudes en la vida cívica y el combate a los vicios en la sociedad. Es recordado por su diagnóstico y diseño político: “un gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes”. Buscó garantizar la “paz interior” y erradicar las malas costumbres en la vida pública y social. Fue ministro de Interior, Relaciones Exteriores y de Guerra. Creador del ministerio de Justicia, Culto y Educación Pública. Para Portales, el cumplimiento de las obligaciones públicas era esencial en todo momento, en simple, dar el ejemplo en los asuntos públicos e institucionales. Sin virtudes en la vida pública y con vicios ignorados nuestra política actual se encuentra en crisis. El ideal portaliano se convierte en un faro y una sombra vigilante en los gobernantes, representantes de turno y funcionarios públicos. Los vicios están enquistados y afectando el pacto social.

“La obra de Portales fue la restauración de un hecho y de un sentimiento”, en palabras de Alberto Edwards. Es decir, el respeto a la autoridad legítima y al orden institucional, un gobierno “respetable y respetado”. Portales fue precavido y visionario. Comprendió la defensa y proyección de la soberanía territorial, interna y diplomática. Declaró: “debemos dominar para siempre en el Pacífico”. Fue reticente a la doctrina norteamericana y enfático frente a la amenaza de la Confederación en Perú y Bolivia: “debe desaparecer para siempre jamás del escenario de América”.

Ante la amenaza del mariscal Santa Cruz, la disputa por la hegemonía marítima y portuaria, Portales optó y apostó por la guerra. El ministro de Guerra y Marina no logró unanimidad y emergió una oposición interna. Fue tomado prisionero tras un complot militar llamado el motín de Quillota en 1837. Estuvo engrillado en un calabozo. Rumbo a Valparaíso, en un “birlocho ministerial”, entre los cerros Barón y Placeres, descendió del carruaje y recibió disparos y bayonetas en su cuerpo. La noticia llegó a Santiago, la multitud se acercó al Palacio de La Moneda para confirmar los rumores de la muerte del ministro. Sus sombras las registró la historiografía y sus restos reposan en la Catedral de Santiago. Los gobernantes necesitan de buenos consejos y consejeros.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 14 de junio de 2026.