La misión agroalimentaria y el futuro del desierto

Paula Guerrero Zaro | Sección: Política, Sociedad

El 13 de julio se había iniciado la conversación sobre una Misión Agroalimentaria del Desierto. Luego, el pasado 28 de agosto en Copiapó se realizó la Segunda Mesa Macrozonal, organizada por la Seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, en coordinación con la Seremi de Agricultura y con el apoyo metodológico del Nodo Desierto Vivo. La jornada presencial reunió a autoridades, profesionales, academia y sociedad civil, consolidando un espacio de confianza y diálogo cara a cara.

La agricultura en Chile enfrenta hoy una doble tensión: la escasez hídrica y el cambio climático, que presionan la base productiva, junto con la necesidad de diversificar, agregar valor e incorporar ciencia y tecnología. En el norte, este desafío se agudiza por la convivencia con la minería, la debilidad en articulación intersectorial y el rezago en infraestructura. La mesa priorizó desafíos clave, crear un centro de innovación tecnológica del desierto, reconocer el valor de la agricultura familiar campesina e indígena y fijar metas medibles hacia 2032. También se discutió el rol de la academia. Surgió la idea de nuevas carreras como Agronomía o Biotecnología, pero con una advertencia clara: su creación requiere responsabilidad, recursos e infraestructura, de lo contrario corren el riesgo de quedar en el papel.

El desierto fue visto como un “laboratorio natural” para pilotar soluciones agrícolas observadas en el mundo, con ejemplos en Israel, Almería y Arabia Saudita. Y se subrayó un punto esencial: el relevo generacional, sin el cual cualquier estrategia carece de futuro. La metodología aplicada –identificar, clasificar y priorizar problemáticas para transformarlas en hoja de ruta– refleja la esencia de las misiones de innovación: definir un horizonte posible y movilizar a todos los actores hacia un cambio sistémico. Así, la estructura macrozonal muestra su valor como herramienta de gobernanza, articulando prioridades comunes y fortaleciendo la cohesión regional.

Hoy Atacama y la Macrozona Norte tienen la oportunidad de situar la agricultura en el centro del desarrollo. No se trata solo de producir alimentos, sino de articular ciencia, tecnología y territorio para mejorar la calidad de vida y proyectar un modelo de sostenibilidad adaptado al siglo XXI.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Diario de Atacama el sábado 20 de septiembre de 2025.