El 4 de septiembre, la derecha y la primera vuelta
José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Política
El pasado jueves 4 de septiembre pasó desapercibido un aniversario que debería quedar grabado en nuestra memoria. Se cumplieron tres años de una epopeya. Esa jornada de 2022 “el Chile de multitudes” del que hablaba el profesor Bernardino Bravo, se opuso al proyecto ideológico del Gobierno y su coalición, impidiendo con un lápiz el establecimiento de un régimen totalitario con tintes indigenistas y ecologistas. Pero fuera de lo anecdótico, ese día se sepultó el frenesí refundacional que nos tenía embriagados desde el 18 de octubre de 2019.
A partir de ese evento histórico, el octubrismo quedó en el pasado y nos hemos debatido entre la obsesión reformista, que en esta tribuna denominamos noviembrismo, y la intuición –a veces práctica y no del todo discernida– de que el país avanza cuando se es fiel a la Constitución histórica, es decir, cuando se reforma en continuidad con la tradición constitucional, que denominamos septiembrismo. Durante su segundo tiempo, el Gobierno ha escondido al octubrismo y coqueteado con el noviembrismo, mientras que en la derecha se articula una coalición nítidamente septiembrista –Cambio por Chile– y otra que serpentea entre la obsesión reformista y un amague que no alcanza a ser la intuición contrarrevolucionaria.
La actitud de Chile Vamos durante estos tres años ha demostrado empíricamente lo que esbozamos en esta tribuna en otras ocasiones: el noviembrismo le hace el juego al octubrismo y es incapaz de construir pensando en el largo plazo. Incapaces de comprender el devenir histórico del país, seguían queriendo pensar que éramos minoría y que para que el país avanzara se debía negociar con el Gobierno, incluso al punto de transar sus propios principios. Así aprobaron las 40 Horas, la Ley Karin o, más recientemente, la reforma previsional, dejándole en bandeja al Partido Comunista el balotaje.
Y ahora que Evelyn Matthei parece hacer, después de ocho meses, una campaña como la gente –aunque lo más probable es que no sea suficiente para pasar a segunda vuelta–, lo hace coqueteando con la izquierda, ayudando a Jeannette Jara en los debates y negándole la sal y el agua a José Antonio Kast, tensando al máximo las relaciones entre dos coaliciones que, aunque distintas, se necesitan mutuamente si quieren gobernar a partir del próximo año. Como el niño picado que después de jugar mal se lleva la pelota a la casa para que nadie juegue, pareciera que Matthei y algunos en Chile Vamos prefieren entregar el poder al comunismo con tal de que Kast nuevamente quede fuera de La Moneda.
José Antonio Kast, manteniendo su libreto, logró surfear con éxito su supuesta “peor semana”, donde se gestó una campaña sistemática en su contra sobredimensionando la trama de los bots, e intentando los analistas y medios establecer una vinculación con el comando y el partido que el mismo autor del reportaje dijo que él no tenía los antecedentes para sostenerla. Lo que decían que iba a ser una caída estrepitosa de Kast en las encuestas, sólo implicó una baja dentro del margen de error, y entregar el primer lugar a Jara, que todavía es incapaz de ganar la segunda vuelta. Y es que si sumamos a los candidatos de derecha, centroderecha y centro –Johannes Kaiser, José Antonio Kast, Evelyn Matthei y Franco Parisi–, suman prácticamente el mismo porcentaje de personas que las que hace tres años derrotaron al octubrismo.




