Acuerdos que matan

Felipe Ignacio Díaz Aguirre | Sección: Política

¿Es José Antonio Kast un representante de la ultraderecha? No. ¿Puede calificarse a Evelyn Matthei y Chile Vamos como “derechita cobarde”? Ciertamente. El primer punto lo demostró el profesor García-Huidobro en su columna “Adjetivos que matan”, publicada el 14 de septiembre de 2025 en El Mercurio, y sólo complementaría añadiendo que Republicanos no es otra cosa sino la UDI de los 90’s (comparación que es ya quizás un lugar común a estas alturas), lo que dice más sobre el estado de nuestra sociedad — y civilización— que sobre el supuesto extremismo de Republicanos.

Con respecto a Matthei, lamentablemente la bota calza, y digo lamentablemente con sinceridad ya que ella fue la primera candidata presidencial en recibir mi voto, cuando aún tenía la impresión de que era nuestra propia “Dama de Hierro”. El tiempo siguió su curso y, haya sido real o no en su momento, esa impresión se desvaneció con la liberalización de la Alianza, hoy Chile Vamos. A esta coalición no se les acusa de ser cobardes por diferir en opiniones con Republicanos o por buscar acuerdos, sino por buscar acuerdos por el hecho mismo de ser acuerdos, independiente de si sus resultados son buenos o malos, y por abandonar principios fundamentales del sector para buscar popularidad con los votantes.

¿Mostró Evelyn Matthei “fortaleza” cuando pintó de arcoíris una de las multicanchas de su municipalidad en apoyo al movimiento LGBT? ¿Mostró Evelyn Matthei “fortaleza” cuando promovió y celebró los “cupos laborales” en su municipalidad? ¿Mostró Evelyn Matthei “fortaleza” cuando entregó “sellos inclusivos” a restaurantes en Providencia? ¿Mostró Evelyn Matthei “fortaleza” cuando firmó un convenio para realizar el “Amor Festival Internacional de Cine LGBT”?

Estos son sólo algunos ejemplos de la “cobardía” de la cual nos quejamos los otrora votantes de la “derecha tradicional”. Si Matthei en particular, y por extensión Chile Vamos, que es el colectivo que la ha escogido (no democráticamente, dicho sea de paso) como candidata presidencial, están dispuestos a hacer estas concesiones a la izquierda sobre temas que son fundamentales del conservadurismo, ¿no es natural pensar que están dispuestos a ceder en cosas menos fundamentales, pero no por ello irrelevantes?

Hay principios morales sobre los que, como católicos, tenemos prohibido dialogar y llegar a acuerdos (e.g. infanticidio, homosexualidad, eutanasia, etc.), esto es, sobre los que efectivamente no puede haber deliberación política, y donde hacerlo sería una acción ultra vires del ejercicio de ésta.

Y luego hay decisiones cuyas consecuencias negativas son conocidas y aun así se apoyan, aparentemente, por beneficios políticos. Más allá de si es legítimo (pienso que no, pero asumamos que lo es) que el Estado nos imponga un préstamo del cual no hay ninguna garantía que nos sea devuelto, el resultado es la creación de un pseudorreparto, un sistema que, donde es implementado, fracasa. En Chile Vamos, a pesar de toda su “experiencia”, apoyaron la ley, insistiendo una y otra vez que era una victoria de los “acuerdos”, pensando ingenuamente que con esto el tema previsional estaba zanjado, lo cual desde un principio era evidente que no iba a pasar, porque lo que quieren el FA y el PC no son acuerdos, sino lograr sus objetivos últimos, para los cuales los acuerdos son un medio.

Debo insistir en este punto. Por un lado, no hay virtud en dialogar con una izquierda que nos quiere hacer avanzar dos pasos al abismo y celebrar que llegamos a un acuerdo de “avanzar sólo un paso”. Y, por otro, tampoco es fanatismo ni obcecación decir “no quiero avanzar al abismo, así que no me voy a mover de mi lugar”.

El profesor García-Huidobro afirma que “el drama de la política es que uno no siempre puede conseguir el bien que desea, sino que, en ocasiones, ha de conformarse con emplear el poder de que dispone para evitar males mayores”. A mí, con mis “pocas” tres décadas, esta afirmación me deja insatisfecho. Como católico, he visto cómo la democracia liberal me ha obligado constantemente a elegir “el mal menor”, al punto de que debo preguntarme: ¿por qué debería apoyar un sistema que no sólo no busca instituir el Reinado Social de Cristo, sino que activamente busca destruir lo poco que queda de él, aunque sea paulatinamente? Crecientemente se hace evidente que, como dijo recientemente el Santo Padre, “la democracia no es necesariamente la solución perfecta para todo”.

Republicanos está lejos de ser el campeón de los derechos de la Iglesia y del Reinado Social de nuestro Señor, pero al menos no niegan su Doctrina Social en palabras —como el candidato Kaiser— ni en sus actos —como la candidata Matthei—.