En Defensa de nuestra Historia

Gonzalo Ibáñez Santa María | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política

En reciente ceremonia, el exministro Enrique Correa Ríos presentó su libro Mi vida, mi historia, en el que cuenta, por supuesto, su vida. O lo que es más honesto: su versión acerca de su vida. Como informa el diario La Segunda (1/08/25), la ocasión “No fue una noche de nostalgia. Fue, más bien, una instancia para reflexionar sobre el proceso que permitió recuperar la democracia desde 1990, cuando dos conceptos marcaron época: transición y transversalidad”. Durante la conversación, Correa reivindicó el papel de quienes lideraron la transición, destacando que fueron los mismos que lucharon contra la dictadura: “No estaríamos donde estamos si no fuera por cientos, quizá miles, que arriesgaron su vida. Muchos volvieron a su vida normal, sin proclamarse héroes. Esa generación merece ser reconocida”.

Todo, con el debido respeto, es una gran mentira. Desde luego, Correa, antes de 1973, militó en el Mapu, versión violentista y extrema de la ideología demócrata cristiana. En esos años, colaboró con la tarea de destrucción que llevaba adelante el régimen marxista de Salvador Allende. Ellos fueron los que destruyeron la democracia e hicieron inevitable el pronunciamiento militar. Si ahora, Correa puede presentar su libro fue precisamente porque ese pronunciamiento nos liberó de la dictadura marxista (disfrazada de proletariado). De lo contrario, toda libertad de expresión hubiera sido conculcada y ese régimen seguiría hasta ahora.

El pronunciamiento militar fue el primer paso en la recuperación de la democracia. Reordenó el país y lo puso a la cabeza del continente. Si después de 1990 hubo en el país una época de prosperidad –30 años– que benefició a todos, fue por las bases que dejó establecidas el gobierno militar. Los gobiernos civiles de entonces no hicieron sino continuar con las políticas del gobierno militar: fue la clave de su éxito.

Eso no lo dice Correa y tampoco dice cómo, desde los distintos gobiernos civiles, se procedió después a demoler esas bases que construyó el gobierno militar. Y porque no lo dice –al revés, lo oculta– es por lo que Chile regresa ahora aceleradamente al caos de los años del régimen marxista. La cobardía de políticos como Correa es la que ha arrastrado a Chile a una situación de caos, de violencia y de predominio de la delincuencia, del terrorismo y del narcotráfico que amenaza con desembocar en una crisis aún peor a la de 1973. Es la dictadura que hoy día padecemos.

Por eso, es imprescindible defender nuestra historia. De lo contrario, vamos derecho a repetir los mismos errores de antaño.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por el autor en sus redes sociales el sábado 2 de agosto de 2025.