El Páramo de Jeanette
Nicolás Fernández-Aránguiz | Sección: Historia, Política
Hace ya una semana desde que la candidata del Partido Comunista, Jeanette Jara, ganara las elecciones primarias en Chile. Con un programa de no más de diez páginas obtuvo un resultado contundente frente a la favorita de la coalición de las izquierdas, Carolina Tohá. Ahí que el resultado del domingo haya sido un verdadero mazazo de proporciones a los que aspiran a la socialdemocracia.
Entonces surgen algunas preguntas: ¿Acaso el Partido Comunista va a abandonar el marxismo leninismo? ¿Acaso va a mantener las consignas bajo las cuales la democracia solo debe ser una apertura ante el Estado socialista, el colectivismo, y finalmente, el Estado comunista?
Los ejemplos en la historia son lo suficientemente dilatados para señalar que el Partido Comunista nunca ha abandonado y jamás va a abandonar este ideario. Como bien lo refleja un baluarte del humor nacional al caracterizar al Partido Comunista: “se autofagocitan”. Tienen esa capacidad única en replicarse. Son una epidemia muy difícil de erradicar. Cambian de forma o cambian de disfraz. Tanto así que sus más ilustres dirigentes han cambiado la ropa del pueblo, por la ropa del capital. No tienen miedo, al igual que el comandante Maduro, en comer y gozar de los lujos cuando actúan a nombre del pueblo o del Estado. Por esto es que hay que siempre recordar que bajo una ideología totalitaria el estado nunca va a tener rostro. Es una falacia tan inmensa como afirmar también que existe una mano invisible para la economía.
De manera que la pregunta fundamental es por qué hoy se sigue votando por el Partido Comunista. Porque nadie puede creer que la candidata Jara vaya a dejar la militancia como si eso fuera un gesto de grandeza política. De más está recordar que si el mismo Stalin hubiese estado con vida, esta vergonzosa claudicación hubiera encontrado en Beria el más sabroso final.
Actualmente los famosos expertos nos dicen que Jara es parte del sector de renovación del partido. Sin embargo, cualquiera que conozca la dinámica de un proceso revolucionario, los renovados siempre son subsumidos por la vanguardia por ser enemigos de las reales transformaciones o por ser demasiado revisionistas en la renovación. Esta fantasía planteada por los expertos es más bien la postura del cínico o bien la de un mentiroso.
Por otra parte, otra de las razones por las cuales fue posible el triunfo de Jara fue la misma bajo la cual la Democracia Cristiana (el partido más pusilánime y vergonzante en la historia de Chile) promoviera, ya en el 2009, los famosos pactos por omisión. Bajo esta misma estrategia absurda en derrotar a ¡la derecha! De manera absurda y mendaz, dio paso al espurio acuerdo que significó la entrada del Partido Comunista al sistema político en Chile. El resultado ante esta apuesta fue pretender que quienes tenían la hegemonía podrían controlar a la gorgona. ¿Cuál fue el resultado de ello? La agudización de la crisis desde el año 2011 en adelante. Y cuando les dieron espacio desde la nueva mayoría, movieron el umbral hacia la izquierda, a pesar de haber sido relativamente disciplinados en el segundo cuatrienio de doña miguelina. No obstante, al romperse esta farsa de la nueva mayoría, mostraron durante el segundo periodo de Piñera, la cara más descubierta, a pesar de que estaban todos absolutamente encapuchados, del fervor revolucionario e incendiario.
Volver a ver ese fervor despertó en muchos diversas pasiones: desde la lujuria por la destrucción, el saqueo, del pillaje, hasta la gula total por engullir todo lo que fuera patrimonio de la propia historia de Chile. De más está recordar que ni Santiago ni Valparaíso se reponen todavía de semejante destrucción. No cabe duda alguna que la elección del Frente Amplio movió las barreras, provocando la destrucción total del centro político, mismo centro que se encargó de su propia destrucción hace ya 16 años. Sin más los precursores de la debacle son los mismos que una y otra vez vendieron y siguen vendiendo sus principios por alguna cuota o porción de poder.
Ahora bien, hay otras preguntas que cabe hacer sobre la postura de la candidata Jara en materia internacional. Hoy es claro que la orientación geopolítica está cambiando. En definitiva, ¿cuál va a ser la postura de Jara frente al gigante asiático? ¿La solidaridad partidaria ideológica incluye un apoyo irrestricto al régimen chino? ¿Cómo la candidata va a manejar la crisis migratoria? ¿Los migrantes venezolanos inundan Hispanoamérica porque son unos malagradecidos? ¿No hay hambre en Venezuela porque hay gente que está entrada en carnes como dijo un candidato? ¿En su eventual mandato hubiera entregado a una empresa China la seguridad de los datos personales de casi veinte millones de chilenos?
En definitiva, seguimos siendo un país empatado (concepto acuñado por el historiador Alfredo Jocelyn-Holt). Frente a ello no hay manera que nuestro actual sistema político de salida a está entelequia. Desde hace años se ha combatido el financiamiento irregular en la política, o mejor dicho, de los partidos. Sin embargo, debemos denunciar que a los partidos políticos está llegando lo peor en formación intelectual, personal y ética. Los ejemplos de ello son más que abundantes por desgracia, y el sector que se dice garante de estas actitudes tampoco da ni siquiera el mínimo.
Hoy la gran reflexión que pueden estrujar aquellos que se afirman de derecha obedece a más o menos libertades, o meramente una reflexión escueta y pobre sobre el tamaño del Estado. Es decir, una discusión paupérrima sobre los designios de un país. Supieran ellos que el Estado debe ser el soporte, plataforma y pedestal, en tanto en cuanto, como sociedad jurídicamente organizada, el estado es el dique entre la violenta naturaleza natural y la social; es el resguardo ante las amenazas interiores y exteriores; pero también del hogar de todos quienes habitamos nuestra loca geografía. Para ello se requiere de una reflexión más profunda en seguridad y defensa, educación, administración del estado y fortalecimiento de la institucionalidad.
Espero que las nuevas generaciones lo tengan mucho más presente en consideración y conciencia ahora que saben que se hace muy difícil el desarrollo cuando no se tienen las condiciones mínimas. Por estas razones, Chile, necesita el máximo de nuestras fuerzas. No la de aquellos de los cuales Jara fue parte. De esos aquellos que desataron la espiral destructiva e insurreccional que nos dirigió a la cloaca ideológica nauseabunda de la que son parte: ni perdón ni olvido para ellos.




