Vázquez de Mella: De Asturias a Finis Terrae

José Tomás Hargous Fuentes | Sección: Arte y Cultura, Historia, Política, Sociedad

El pasado 8 de junio se cumplió el aniversario de nacimiento de alguien que, pese a su actual desconocimiento, sus ideas jugaron un papel crucial en la configuración del orden político chileno hoy vigente. Se trata de Juan Vázquez de Mella y Fanjul (1861-1928), un político español del cambio de siglo. Usted se preguntará, ¿qué influencia pudo tener en Chile un político carlista asturiano, que ejerció como Diputado a Cortes por Estella, Aoiz, Pamplona y Oviedo por dos períodos; incluso, un carlista que formaba parte de una importante disidencia del movimiento político social español, que no era muy conocido fuera del ámbito tradicionalista peninsular?

La respuesta pasa por un inteligentísimo y polémico sacerdote, José Luis Osvaldo Lira Pérez (1904-1996). Miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones (SSCC), más conocidos como Padres Franceses, el Padre Osvaldo Lira sería uno de los más importantes filósofos chilenos del siglo XX, revitalizador del tomismo y maestro de algunos de los más connotados académicos de filosofía hasta la actualidad, entre ellos el recientemente fallecido Juan Antonio Widow. Junto con Jaime Eyzaguirre, el Padre Lira es uno de los más importantes pensadores del hispanismo y del tradicionalismo en Chile e Hispanoamérica.

Si bien durante sus primeros años de vida sacerdotal se dedicó principalmente a la docencia en los colegios de los Padres Franceses –también sería un importante colaborador de la revista Estudios–, sus polémicas ideas y su ímpetu lo volvieron conflictivo dentro de su congregación, y sus superiores decidieron enviarlo a España. Durante su exilio de doce años en la Madre Patria (1940-1952), lejos de apaciguar sus opiniones y temperamento, fue profundizando en ellas, madurándolas en su intelecto y su corazón. Justamente, en la Península comenzaría su producción literaria: Nostalgia de Vázquez de Mella (1942), Visión política de Quevedo (1948), La Vida en torno (1949) e Hispanidad y mestizaje (1952). El primero de esos libros sería una monumental síntesis del pensamiento político del carlista asturiano, y de los primeros libros en proponer que Mella sería un intelectual.

A su regreso en Chile se instalaría en Valparaíso, donde haría clases en el colegio de su congregación y en la Universidad Católica de Valparaíso. Cinco años después se trasladaría a la capital para asumir como profesor en la Universidad Católica, que después lo reconocería como Doctor Scientiae et Honoris Causa. En ambas casas de estudios formaría a decenas de filósofos, como el mismo Widow, José Joaquín Ugarte, Juan Carlos Ossandón o Julio Retamal.

También conocería por esos años a Jaime Guzmán (1946-1991), quien sería su discípulo más prolífico en la actividad pública. Si bien terminarán distanciándose, la influencia del Padre Lira en Guzmán será grande y por varios años, producto de habérsele encomendado que sea una especie de padrino del joven estudiante, en los ámbitos espiritual, moral y académico, luego de la separación de sus padres. 

Jaime Guzmán iría configurando su pensamiento político y social justamente por la influencia del político asturiano, mediado por el Padre Lira. Como le escribió en la dedicatoria de un ejemplar de Nostalgia de Vázquez de Mella que le regalaría a Guzmán su compañero y amigo José Joaquín Ugarte, Lira quería, “[e]n fraternal comunidad de ideales”, que “las doctrinas de Juan Vázquez de Mella vayan guiando siempre su línea de conducta”. Entre esas “doctrinas”, una será un engranaje central del proyecto político social guzmaniano: la distinción entre las soberanías política y social, la primera en manos del gobernante y la segunda en manos de la sociedad, cada una con un rol específico en la búsqueda del bien común, vinculadas por el principio de subsidiariedad. 

Desde que Jaime Guzmán presentara la primera lista gremialista al Centro de Alumnos de Derecho hace sesenta años, pasando por la articulación del llamado “poder gremial” en los tiempos de la Unidad Popular (UP), y los primeros siete años del Gobierno Militar –piénsese en la Declaración de Principios del Gobierno de Chile (1974) o el Discurso de Chacarillas (1977)–, hasta la promulgación de la Constitución Política (1981), la doble soberanía será una constante en el pensamiento y la acción de Jaime Guzmán. Hasta hoy, esa “doctrina” permanece en el artículo 1° de nuestra Carta Magna: “El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales se organiza y estructura la sociedad y les garantiza la adecuada autonomía para cumplir sus propios fines específicos”.

En un nuevo aniversario del nacimiento de Juan Vázquez de Mella y Fanjul, conviene recordar la fascinante historia del viaje de las ideas del poder social, desde la cuna de la Reconquista hasta Finis Terrae, desde Asturias al Reyno de Chile, de la mano de un sabio sacerdote de esta tierra y un joven pero influyente político que transformaría profundamente las instituciones políticas y sociales de Chile.