La candidata
Rodrigo Ojeda | Sección: Historia, Política
La candidata presidencial y ex ministra del trabajo, Jeannette Jara, está desplegada en su campaña ideológica y táctica. De tono suave casi no parece comunista, pero detrás de ella está el compañero Carmona, ese jerarca patriarcal que aún habita en la Guerra Fría y no renuncia a la lucha de clases. El paradigma comunista sigue atado a la nostalgia del modelo cubano y al proceso bolivariano. Hoy, el Partido Comunista (PC) celebra el ascenso en las encuestas de la candidata Jara y declara la búsqueda del voto de los jóvenes, las mujeres y el mundo popular. Su despliegue en “los territorios” se financia con las arcas del comunismo y aportes de los obedientes militantes. Junto a su jefa de campaña, Bárbara Figueroa y a Jorge Baradit, el narrador de historias cuasi secretas, nos ofrecen un país “más justo, seguro y próspero”.
El relato comunista resalta los logros de “la ministra”, “la necesidad de un sueldo vital” y el llamado a la unidad del oficialismo. El rebaño comunista es ordenado y obediente. Van por los jóvenes universitarios porque son la materia prima para la agitación social e institucional, más allá de las asambleas universitarias. También van por los evangélicos con un llamado remozado a los cristianos por el socialismo. Ven en Jesús un líder popular forzando las interpretaciones y lo unen a Marx, ese ideólogo que prometió el paraíso en la tierra, pero crearon infiernos terrenales por todo el mundo (parafraseando a Vargas Llosa). No debemos olvidar que el papa Juan Pablo II, combatió y definió al comunismo como una ideología del mal.
Celebraron sus 113 años y advierten el “avance de una derecha autoritaria y regresiva”. Para Jara “representa un retroceso en derechos, particularmente para las mujeres”. Dicen que “ha sido la derecha la que ha impedido que avancemos más rápido y con más justicia”. Para ellos, la culpa siempre es del empedrado y del opresor. Recientemente, presentaron las 20 medidas prioritarias, en resumen, más Estado, más regulaciones e impuestos, más derechos sociales ficticios y promesas que suenan bien, pero es “pan para hoy, y hambre para mañana”. La redistribución comunista siempre deja a los países más pobres e impone derechos artificiales restringiendo al individuo y sus libertades. Jara es la representante de un “proyecto de transformación para Chile”, con diagnósticos erróneos, llamados mesiánicos, anticapitalistas y populismo materialista.
El PC y Boric resaltaron un logro en su gestión de gobierno, señalando que han dado “gobernabilidad” a la calle, un eufemismo que acompaña algo evidente, ya no vemos marchas ni protestas. Ya nadie pasa hambre, no hay malestar social ni piden “dignidad” en el Chile actual. ¿Volverán a la calle? ¿Tendremos otro estallido? Gran parte de la izquierda oficialista validó por acción y omisión la violencia durante el estallido octubrista. Para el PC fue una “revuelta” y para Jadue es la “revolución de octubre”. No pocos quisieron ver a Piñera derrotado y derribado en el palacio dictatorial mediante “desobediencia civil”. Las marchas y petitorios infinitos nunca fueron espontáneos.
El PC no esconde su apego por la sublevación pasada, la agitación social y el levantamiento de los oprimidos. La calle y la violencia, son un medio legítimo para el comunismo. Aunque nos pidan amor y se victimicen, toda su historia durante el siglo XX (1900-2000), ratifica sus fracasos y sus atrocidades en todo el mundo a través de la ley histórica y la utopía. Al comunismo y su candidata de tono suave, hay que interpelarlos siempre con evidencia histórica ante su ambivalencia con la violencia y la desestabilización. Su matriz ideológica, la lucha de clases y las autocracias que defienden con amnesias históricas persisten, pero la historia no los absolverá. Sus ropajes democráticos no son suficientes.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Pingüino el domingo 15 de junio de 2025.




