Aclaraciones sobre el 21 de Mayo de 1879 (I)
Joaquín Muñoz López | Sección: Arte y Cultura, Historia
Siempre se nos ha dicho que celebrar el 21 de mayo de 1879 es celebrar una derrota, una muestra de mediocridad, de masoquismo, de autoflagelación, etc., bajo ningún punto de vista algo positivo. Además, correspondería a recordar el Combate Naval de Iquique, pero no el Combate Naval de Punta Gruesa. Esto es un error vergonzoso porque ambos hechos son inseparables, el uno no puede existir sin el otro, sin embargo, el mayor motivo para que esto sea un error es que ese día Chile dio la sorpresa estratégica, o sea, se puede decir que ese día ganamos la guerra. Quien da la sorpresa estratégica normalmente gana la guerra. En palabras simples, sí corresponde celebrar el 21 de mayo de 1879. Se trata de un acto de justicia por ser sendas victorias, de agradecimiento a los héroes que los protagonizaron y de una excelente oportunidad para reafirmar los valores patrios y el sentido de ser chilenos. Tal vez haya que replantearse la forma de celebrar, pero por ningún motivo dejar de hacerlo. Esto tiene una importancia crucial en el momento histórico que vivimos: nos enfrentamos a una corriente deconstructivista que está atacando, y con éxito, todos los valores de nuestra civilización.
Resulta fácil entender que el triunfo de Condell en Punta Gruesa fue un triunfo, pero no ocurre lo mismo con la gesta de Prat en Iquique. Hay que situarse en el contexto histórico: la guerra era impopular. La sociedad chilena no entendía por qué había que apoyar y sumarse a la guerra, necesitaba un acicate, algo que la sacara de su letargo pacifista. La gesta de Prat y sus marinos fue tal acicate.
La célebre arenga de Prat es mucho más que un discurso de ánimo de parte de un líder, sino más bien la confesión de una triste realidad que se debía enfrentar hasta las últimas consecuencias con valor, heroísmo y generosidad en pos de un bien superior. El comienzo de la arenga lo dice todo: “Muchachos, la contienda es desigual…”.
La corbeta Esmeralda no tenía ninguna posibilidad de triunfar: se enfrentaba a las baterías de puerto por un costado y por el otro, a un buque que le doblaba en desplazamiento, mucho mejor artillado, en mejor estado, y, además, blindado. Así fue y así lo entendió todo el mundo, sí todo el mundo literalmente. Una vez acaecido el combate, la noticia recorrió el orbe, impactando a cuantos se iban enterando de ésta, por ello, bien se puede hablar de un triunfo, pero ¿qué tipo de triunfo? Un triunfo moral, o sea, un triunfo subjetivo. De la misma forma en que quedaron impresionados los testigos presenciales de este combate, quedó impresionado el pueblo de Chile.
Fue tal la impresión causada en la ciudadanía que ésta cambió radicalmente su postura frente a la guerra. Se ofrecieron miles de voluntarios, tantos que echaban abajo los portones de los cuarteles para poder entrar a enlistarse. Simplemente, este triunfo existió y fue en el frente interno.
El heroísmo de Prat ha servido de ejemplo imperecedero hasta el día de hoy en la comunidad naval internacional, ha traspasado fronteras. Ejemplos hay muchos. En Japón, el Almirante Togo siempre ponía de ejemplo de valor, liderazgo y disciplina a nuestro Capitán Prat, pues, en la cultura japonesa sus cualidades son las cualidades del “Código Bushido”, el código de honor de los samuráis. Siguiendo en Japón, el Museo de Historia Naval de la Academia Naval tiene un busto de Prat junto a los de los almirantes Togo y Nelson por considerarlos a ellos los tres máximos héroes de la historia naval mundial. Otro admirador de Prat fue el Almirante Günther Lütjens, capitán del acorazado alemán Bismarck: “… Prat fue el héroe de mi infancia; en gran medida su ejemplo me inclinó por la carrera naval…”.
Con todo lo mencionado, queda claro que es de mala fe o ignorancia considerar una pura y simple derrota la epopeya de la Esmeralda. Sin embargo, desgraciadamente, no es lo único que defender de ese histórico y glorioso 21 de mayo. Otra víctima de la injusticia con que se trata esta efeméride es Carlos Condell, capitán de la goleta Covadonga.
Lo primero que hay que desmentir es que Condell pretendía huir y no hacer encallar o estrellarse en las rocas a la Independencia. La Covadonga tenía una velocidad máxima de 4 nudos, mientras que la Independencia 15, o sea, le era imposible huir. Además, los marinos chilenos tenían indicaciones de no navegar entre Iquique y Punta Gruesa debido al peligro que representaban los roqueríos, es decir, Condell sabía bien dónde estaba navegando. Su plan era tan osado como simple: quedar a muy poca distancia de la Independencia y estrellarse en las rocas para que ésta también lo hiciera, pues, por su gran tamaño no alcanzaría a detenerse. Era un plan suicida, pero no había otra opción, una goleta vieja no podía hacer frente a una fragata blindada que le quintuplicaba en desplazamiento y contaba con una artillería más de ocho veces superior. Este plan podía resultar siempre que la Covadonga pudiera esquivar los disparos enemigos, cosa que logró hacer gracias a la pericia de Condell.
Esta acción resultó ser un golpe demoledor para Perú; había perdido su navío por lejos más poderoso, recordemos que doblaba en desplazamiento al Huáscar. Fue un triunfo objetivo que inclinó la balanza a nuestro favor. Otro aspecto que aclarar es que Condell no impidió el rescate de los náufragos de la Independencia ni acribilló sobrevivientes. El Capitán Juan Guillermo Moore se contradice al respecto, pues, declaró lo antes mencionado, pero luego sostuvo que nunca se rindió. Lo sucedido es que una vez que se rindió, abrió fuego cuando la Covadonga se acercó.
Es completamente injusto para Condell separar Punta Gruesa de Iquique, pues, él se merece el mismo reconocimiento que Prat y ambos están unidos indefectiblemente.
Tiene un gran significado que marinos británicos hayan quedado sumamente impresionados, en tiempos en que ellos dominaban los océanos. En Antofagasta, en junio de 1879, estando Condell de visita en la corbeta británica HMS Turquoise, recibió una reliquia de la Esmeralda con el siguiente mensaje:
“Al bravo comandante Condell: Los oficiales del buque SMB Turquoise, admirados del glorioso combate de la Esmeralda y la Covadonga, sin ejemplo en los fastos navales, empeñaron sus esfuerzos en hallar el sitio donde la gloriosa Esmeralda sucumbió. Querían encontrar una reliquia que ofrecer al compañero del heroico Prat, caído cuando se hundía su buque al tomar al abordaje a su enemigo. A nadie mejor que el comandante Condell de la gloriosa Covadonga corresponde ser el depositario de la noble reliquia que hoy le enviamos”.
Un efecto adicional del 21 de mayo fue la impresión causada en los aliados. Les quedó claro cuál iba a ser la actitud de los chilenos frente al conflicto: vencer o morir peleando. Chile había despertado.




